Un día vi 10.000 elefantes

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Por - 14 de diciembre de 2015

Hermosa e inclasificable opera prima alumbrada tras más de quince años de investigación histórica y formal, Un día vi 10000 elefantes rescata del olvido la que fuese una de las expediciones cinematográficas más apasionantes del pasado siglo en España. Financiada por el régimen franquista, el equipo de Hermic Films formado por el director Manuel Hernández Sanjuán, el operador Segismundo “Segis” Pérez de Pedro, el montador Luis Torreblanca y el guionista Santos Núñez, llegó hasta Guinea Ecuatorial para rodar más de treinta películas documentales, en las que quedaron retratadas la vida y las costumbres de la que fue colonia española entre 1926 y 1968. Pero la originalidad narrativa de la película de Alex Guimerà y Juan Pajares estriba en el punto de vista adoptado a la hora de relatar los hechos, ya que la principal voz narrativa del filme es la del indígena bubi Angono Mba, porteador de la expedición, y quien en stop motion y desde el salón de su casa en los alrededores de Montserrat narra en vacío (esquema D.O.A. de Maté, para entendernos) cómo fue la llegada de los expedicionarios y, por extensión, el sentimiento indígena hacia la invasión española. Como contrapunto, escuchamos también la voz en off (guionizada, ya que Hernández Sanjuán falleció en el 2008) del histórico cineasta español, del massa de Angono, y también tocayo, si atendemos al nombre “cristiano” que se vio obligado a elegir el bubi cuando fue bautizado por nuestra evangelizadora Iglesia. El título de la película se corresponde con la metáfora que Sanjuán pretendió convertir en realidad durante toda su aventura colonial: rodar una quimera, registrar físicamente una leyenda de transmisión oral. “La naturaleza no se esconde”, desvela Angono a su interlocutor para explicar por qué la mujer guineana llevaba los pechos descubiertos hasta la llegada de los colonos, pero, continuando nosotros con la exégesis y el significado del filme, lo que sí puede hacer la naturaleza es disfrazarse, confundiendo al “hombre blanco” en su interpretación de la realidad.

Además de por su elocuente relato y por su certero punto de vista, merece la pena destacar este filme necesario (el Estado debería siempre garantizar la existencia y la difusión de películas así) por lo que respecta a su apuesta estética: Un día vi 10000 elefantes mezcla el documental histórico, con found footage extraído de la Filmoteca Española y de otros archivos, con distintas técnicas de animación, como el grafismo en movimiento en 3D y 2D, el fotomontaje, el dibujo al carboncillo y con lápices de color, la stop motion en las secuencias de imagen real… En fin, una virguería que sus multidisciplinares creadores han encajado en un subgénero propio: el “animadoc”. Imprescindible y de restringida exhibición (nos tememos).

La colonización fue un parto doloroso: el reverso “animadoc” de Palmeras en la Nieve.