Por - 12 de noviembre de 2016

‘Poema para muertos’. Ese es el subtítulo de Omega, el texto de Federico García Lorca que Enrique Morente y sus compinches Lagartija Nick escogieron para titular su álbum conjunto, editado en 1996. Un álbum en el cual, además, se adaptaban varias piezas de Leonard Cohen. Así pues, Omega (la película) brota a la sombra de dos difuntos con estatura de titán: el cantaor granadino, fallecido en 2010, y el hombre de Montreal, quien tuvo la mala idea de morirse menos de un mes antes del estreno. El azar, y sus bromas macabras, son así.

Por suerte, dadas las circunstancias, el documental de José Sánchez-Montes presenta virtudes más allá del mero tributo. Antonio Arias, líder de Lagartija Nick (y hermano del periodista Jesús Arias: otro fantasma en las bambalinas), aporta unos diarios que, animación mediante, sirven como eficaces sinopsis del proceso creativo. Los sonidos, por su parte, abundan en piezas inéditas, ensayos y otros tesoros desenterrados. Sumando a todo ello declaraciones de traca (los Lagartija, en particular, y la escena rock de Granada, en general, se merecen otro documental aparte), este filme testifica dignamente sobre la genialidad de un trabajo que sufrió mezquindades e incomprensiones antes y después de llegar a las tiendas, pero que cumplió (y cumple) de sobra su propósito: acollejar al oyente hasta hacerlo caer por los abismos secretos del cante, y de su vigencia.

Un poema (ruidoso) para los vivos, propulsado por los muertos.