Por - 20 de noviembre de 2016

Hay también una segunda madre en la nueva película de Anna Muylaert, pero esta vez es la auténtica, la biológica, aunque esté interpretada por la misma actriz, Dani Nefussi, que da vida a la primera, una ladrona de bebés que, según cuenta la directora, no es un caso tan aislado en la realidad social brasileña, tal y como reflejan algunas telenovelas. No son tampoco los ‘niños robados’ el leitmotiv del filme, sí acaso un desencadenante para hablar de la naturaleza indomable de los lazos afectivos que se estrechan en el seno de la familia. Por eso resulta tan elocuente el último plano de la película, en el que el hermano ‘auténtico’ deja reposar su cabeza en el hombro del protagonista (Naomi Nero, premio al mejor actor en la Seminci 2016), mientras este persigue por internet el rastro de su hermana ‘robada’.

Madre sólo hay una es una película incómoda, difícil de catalogar, también en cuanto a la identidad de genéro de Pierre/Felipe, quien se comporta como un chico, pero se traviste de mujer. Esta idiosincrasia sexual es utilizada por el joven para provocar el rechazo de su nueva y burguesa familia, que en lo relativo a tolerancia sexual tampoco sale muy bien parada… La apuesta heterodoxa de Anna Muylaert se traduce en una película más suelta, menos organizada escénicamente que su cine anterior. Gracias también a la cámara de Bárbara Álvarez, directora de foto ineludible en el Cono Sur.

Tras 'Una segunda madre', niños robados, pansexualidad y afectos.