Por - 18 de marzo de 2019

ETIQUETAS:

, ,

Más allá de las limitaciones impuestas al medio por parte de la propia industria, donde se ve relegado constantemente a una audiencia infantil, a menudo se olvida, incluso en obras enfocadas al público adulto, que la animación es capaz de contar cualquier cosa.

Se argumenta una y otra vez, no sin certeza, a favor de su uso en aquellos contextos donde es la única manera de relatar la historia escogida; pero suele permanecer en el tintero algo crucial: que el mero hecho de poder plasmar cualquier cosa en imagen real no convierte de forma automática esa opción en la más adecuada. Funan es clara prueba de ello. Tras contribuir al cine juvenil de aventuras como El techo del mundo, Denis Do basa su primer largometraje como guionista y director en las vivencias de su propia madre durante el régimen de los Jemeres Rojos en la Camboya de los años 70, dotando de una conmovedora sensibilidad minimalista al terror experimentado por su familia a través de un exquisito uso de la animación tradicional. Combinando sus propios recuerdos de infancia y años de exhaustiva investigación al respecto con una maestría especialmente sorprendente para un debut, Do carga cada plano de un poder narrativo envidiable, tratando a sus personajes con una empatía que hace la tragedia más llevadera y más dolorosa al mismo tiempo, y alcanzando una ejemplar catarsis emocional de un modo tan sobrio como demoledor

Una devastadora maravilla que ensalza el medio animado.