Por - 23 de agosto de 2018

De parecido razonable a los televisivos Pepa y Avelino –lástima por Marisa Porcel–, pero bien avenidos, la pareja de ancianos que regala su casa para “irse a la playa”, y la chica con novio (Aurora González, la menos descalabrada en el lance) dispuesta a cualquier cosa para conseguirlo, curita de por medio, pudiera haber servido de anécdota para una pieza simpática, independientemente del formato. Convertida por Montse Bodas y Raquel Gómez Troyano en esta película, la cosa pierde su gracia. Afectada por sus insípidas decisiones escénicas y narrativas, El pomo azul resulta una tentativa audiovisual vana en la que solo casan los créditos y algún tiro de cámara objetual a lo Hideaki Anno (desde el interior de la nevera, de una cerradura o desde el desagüe de un lavabo).

Ni aunque me regales la entrada quiero esta casa.