Roberto Manrique: “Ser candidatos al Goya con ‘Translúcido’ es beneficioso para la industria ecuatoriana”

La estrella de Telemundo nos habla de su debut en el cine, 'Translúcido', una película valiente sobre la eutanasia, candidata al Goya a Mejor Película Iberoamericana.

Por - 03 de diciembre de 2017

Quizá en España no sea un nombre o un rostro muy conocido, en en Latinoamérica Roberto Manrique es toda una estrella de le televisión. Actor de novelas que empezó por casualidad, cuando un día decidió cerrar su agencia de marketing y publicidad, podía haber seguido acomodado en sus series, pero eligió dar al cine dando el gran salto: con una película que plantea de una forma valiente y sensible la libertad de elegir cómo morir. Translúcido es la historia de Rubén, un emigrante ecuatoriano que vive en Nueva York y acaba de ser diagnosticado con un cáncer. Cuando le conocemos, en su apartamento, Rubén ya ha tomado la decisión de que ese día será el último de su vida, no quiere seguir tratamiento que solo le alargará el sufrimiento. Para irse, cuenta con una buena amiga, un amigo y una nueva vecina a quien conoce esa misma mañana y con la que conecta al instante. La película cuenta ese último día en la vida de Rubén y encuentra el equilibrio entre la comedia y el drama.

Rodada en tan solo 11 días y con “un presupuesto irrisorio”, Translúcido logró una gran respuesta en Ecuador y allá por donde ha viajado en el mundo. Ahora llega a España como candidata a la Mejor Película Iberoamericana en los próximos Premios Goya, podría ser la segunda película ecuatoriana nominada en la historia de estos premios. Un gran logro, un gran viaje que nos explica Roberto Manrique.

¿Te sorprendiste mucho cuando Leo Zelig te ofreció Translúcido?

Sobre todo, me emocioné mucho, porque me gustó mucho la premisa. Nos conocimos en una producción de obra de teatro que llevamos de Miami a Nueva York y le contraté como productor local allí. En la fiesta de fin de temporada, me cuenta la idea y me propone un personaje de reparto, el amigo que entra por Skype, me encanta y me emociono porque como conecto mucho con la película por cómo mi padre manejó la enfermedad cuando él fue diagnosticado. Pero luego su actor protagonista se mete en otro proyecto y me lo propone a mí y entonces le dije que yo quería entrar del todo, le propongo asociarme como productor y ahí me involucro 100%.

Incluso te involucras como guionista, ¿en qué medida?

Cuando Leo me lo propone todavía no había un guion,  y cuando lo escribió era solo una escaleta de siete páginas que describía brevemente qué ocurría en cada escena, pero en realidad el 100% de los diálogos fueron improvisados. Tuve una participación muy activa en el rodaje de la película, al estar en todas las escenas y en muchas solo tuve mucha responsabilidad como dialoguista, pero además participé activamente en ver qué temas tratar. En ese sentido soy coescritor.

¿Y esos diálogos e improvisación nacieron en el periodo de ensayos o ya rodando?

Hubo un tiempo de ensayos muy minucioso, fui a Nueva York un mes antes para trabajar con Leo en la preparación del personaje. Sin embargo, era un terreno muy delicado porque, por un lado, tengo que prepararme el personaje en un nivel en el que nunca antes me había preparado, para improvisar sobre lo que sea, como Rubén tengo que saber responder a todo lo que me pregunten, y eso implicaba una gran preparación. Pero, al mismo tiempo, la clave para una improvisación, digamos, saludable, que responde al impulso y esté viva, era no preparar nada. Ocurrió en rodaje, pero era un proceso muy particular: sabíamos que esto y esto había que decirlo, cuándo, cómo, no lo sé….

¿Teníais entonces como una lista de temas y frases?

Tal cual, y los íbamos tachando.

Foto: Beatriz Velasco

¿Por qué la situasteis en Nueva York?

Responde al hecho de que Leo vive allí, es su ciudad, y la creó allí. Sin embargo, sí le aporta cosas a la historia. Me gusta que sea la historia de un migrante, que toma esta decisión lejos de su familia, lejos de su tierra, tiene que irse como a escondidas, como cometiendo un crimen. No poder hacerlo en tu tierra, con tu gente, le agrega un componente aún más doloroso.

Y como dice Rubén, en Nueva York se ha sentido libre; y, al final, la película habla de la idea de tener libertad personal hasta el final.

Exacto. Si bien es una película sobre la eutanasia, pasa fuertemente por la premisa de que no poder elegir sobre nuestro cuerpo es una falta de libertad sin coherencia.

La eutanasia es un tema siempre controvertido, pero en países como Ecuador o España con una influencia católica aún importante, es más delicado aún, ¿cómo fue la respuesta cuando la estrenasteis?

Me emociona mucho, porque es mi primera película, soy productor y esto es de lo que quiero hablar. El cine me parece una gran oportunidad para plantear diálogo sobre temas que encuentro relevantes, y arrancar mi primera película con un tema tan controvertido como este ha sido hermoso. Primero,la respuesta ha sido gratamente sorprendente. He tenido los que se han ido del cine, que me encanta, porque dice que estamos haciendo las cosas bien –aunque no fueron tantos como yo hubiera pensado–, y, en general, lo han recibido con apertura. Podría haber sido erróneamente juzgada como una apología del suicidio, pero no es eso, tiene más que ver con aprovechar la vida aquí y ahora, y la gente la asimila de esa manera. Salen con una sensación de vivir, aprovechar, abrazar el ahora, por muy cliché que suene, y para eso no tienes que estar de acuerdo con lo que hace el personaje. De hecho, yo no lo estoy.

¿No? Supongo que te plantearía muchos dilemas personales.

Es chistoso porque yo no lo estoy y Leo, sí. Primero, creo que uno no tiene idea de lo que va a querer hacer hasta llegar a ese momento. Partiendo de ahí, yo creo que en mi caso optaría por pelearla y extender la vida lo más posible. Yo tengo ese ejemplo de mi padre que tiene una historia muy bonita: cuando le diagnostican cáncer y le dan dos años de vida, nos dice a los hijos: “Ya les enseñé a vivir, ahora les voy a enseñar a morir”. Él y Rubén tienen posturas diametralmente opuestas sobre cómo llevan a cabo su muerte y cómo se relacionan con la enfermedad, pero ambos finalmente se encuentran en lo más importante: ambos entienden la muerte como parte de la vida, y no le tienen miedo, y eso es lo que importa, y ese es el mensaje. Se trata de que no tengamos miedo.

“Translúcido’ podría haber sido erróneamente juzgada como una apología del suicidio, pero no es eso, tiene más que ver con aprovechar la vida aquí y ahora, y la gente la asimila de esa manera”

Viniendo del mundo de la telenovela, esto es un grandísimo salto para tu primera película, ¿tuviste miedos, dudas?

Claro, yo no sabía si iba a ser una porquería. ¿Cuándo estuve seguro de que teníamos una buena película? Muy tarde en el proceso, testeándola con gente. No tenía una experiencia previa con qué comparar, había hecho Santiago Apóstol, pero fue distribuida por televisión con muchos compañeros actores de televisión y no se alejaba tanto del proceso al que estoy acostumbrado. Y sí, no te voy a mentir, tuve muchas dudas, pero siempre hubo una energía particular en el proyecto: somos muy pocos, con un presupuesto irrisorio, y me gusta decirlo para romper con la idea de que para hacer una película necesitas medio millón de dólares, no, hoy en día, vivimos en el mundo de las ideas y la tecnología, si las combinas bien puedes tener algo de calidad. Pero a lo que voy es que en el equipo había una sinergia, energía y magia. Leo fue totalmente incluyente, creó un ambiente de colaboración, todos hablábamos y votábamos, creo que solo una vez dijo tengo que sacar la carta de director. Todo fluía de tal manera que nos indicaba que íbamos en el buen camino. Además, como productor ejecutiva me llevó a salir de mi zona de confort. Por ejemplo, hablar de dinero siempre ha sido incomodísimo para mí y cuando empezamos a buscar distribución, tuve que ir a Ecuador a buscarla, y me hizo crecer: hoy en día soy otra persona.

¿Tuviste facilidades para encontrar distribución al ser una persona conocida en América Latina?

Sí, tuve facilidades. Me abrieron las puertas. Aunque fue en un año económicamente muy difícil en Ecuador, y todo el mundo me decía estás loco, porque iba buscando para Translúcido y para mi webserie, Bienaventurado, me fue super bien. Primero, el hecho de tener una carrera y que me reconozcan, ayudaba, sin duda. Pero también el hecho de que la película estaba filmada. Me gustó mucho como sistema de trabajo. Lo bueno que para la siguiente, después de la experiencia con esta película, es que ya tienes una reputación.

¿Tu futuro seguirá ahora en el cine o vuelves al mundo de la novela?

Como decía antes, estoy enamorado de la producción porque me permite generar diálogo sobre temas que encuentro relevantes. No puedo parar. Siento que, como comunicador, como actor, tengo o tenemos una responsabilidad, y siento que la producción me permite generar cosas, generar interrogantes. No me gusta el concepto de educar a través del arte porque me parece muy plano, creo que el proceso es más sensible: es invitar a que la gente saque sus propios razonamientos, que se plantee cosas y se cuestione cosas. Siento que es parte de mi responsabilidad. Es cheverísimo hacer tele, cheverísimo hacer novelas y es lo que me permite que esto tenga visibilidad, pero sentarme a hablar de las novelas me genera unas emociones, y sentarme a hablar de la muerte y del miedo que le tenemos le da sentido a mi vida.

¿No seguirás con las novelas entonces?

Sí, sí, sí. Tengo que balancearlo. Me tomé un descanso de las novelas después de Marido en alquiler, había hecho seis seguidas, pero sentí que tenía que enriquecer mi vida con otras experiencias. En ese break vino Translúcido, la serie web, obras de teatro, surgió una idea para una línea de camisetas que voy a lanzar y que tiene también su fondo… Cuando empecé este proyecto, el reto era no dejar que la tele me absorbiera como sabía que podía ocurrir y, en esas estoy, quiero seguir buscando retos.

Has llegado muy lejos, porque empezaste trabajando en marketing.

Sin duda, la creatividad y la comunicación siempre han sido parte de mi vida. Cuando dejé mi carrera de marketing sí que fue radical un día dije: “Ya está, mañana cierro esta agencia”. Y tres meses empecé a actuar. Ahora de alguna manera estoy regresando a todo aquello, porque determinadas cosas me sirven para estructurar proyectos. Jamás lo habría pensado, lo de actor nunca se me pasó por la cabeza hasta que renuncié a la publicidad y surgió la oportunidad. Y esta película, ni lo imaginé. Un año antes de rodarla, en 2014, iba a aceptar una película que no pintaba muy bien, pero quería hacer cine ya, como fuera. Y un amigo me abrió los ojos, y me dijo: “Nosotros tenemos que hacer nuestra película”. Me hizo el mejor regalo, la cabeza me hizo click y pensé, “es verdad: yo tengo que hacer mi película”. En 2014 me cambió el chip, y ahora mírame promocionándola, viajando con ella, hemos ganado premios y hemos llegado hasta aquí, como candidatos al Goya a la mejor película iberoamericana… ¡es increíble!

Puede ser la segunda película ecuatoriana de la historia que consigue una nominación a los Premios Goya.

Es muy emocionante, más allá de lo que pase porque todo es muy incierto, simplemente el hecho de que la industria española mire hacia acá, vean lo que se está haciendo, ya es un gran privilegio y una responsabilidad para conseguir que se siga mirando, porque en el cine ecuatoriano están pasando muchas cosas. Hay una evolución muy interesante, se había estado haciendo un cine en el mismo género, el drama social, y ahora se ha abierto, hay una película infantil, la nuestra que es muy particular, porque tiene comedia, drama. Me gusta mucho porque haber llegado hasta aquí es muy beneficioso no solo para nosotros, sino para toda la industria.

Hace algunos años yo iba a hacer un personaje de reparto en una película de @lzelig llamada “Paredes Delgadas” nada salió como lo planeado y terminé haciendo el protagónico y además siendo productor y hasta inversionista, la película cambió de nombre a @translucidofilm Sabía que estábamos haciendo algo de calidad y con corazón pero, honestamente, no pensé que sería una cinta que movilizaría estados de la manera tan potente en que lo hace. Ese es el mayor orgullo que puedo tener con esta, mi primera película. Cuando supimos que éramos los seleccionados por Ecuador para competir por el #Goya2018 una mezcla de orgullo, responsabilidad y susto premió en nosotros pero también un empoderamiento al saber que sin importar diferencias con las otras cintas (como las presupuestarias), el corazón de @translucidofilm puede ser capaz de lograr la nominación. Faltan días de votación para ello, es absolutamente incierto y competimos como películas que son verdaderas obras de arte pero lo vivido hasta ahora es ya más de lo que hubiera imaginado hasta ahora en esta etapa de mi recorrido y sobretodo… confío, confío en que todo es perfecto y todo es posible. Y eso es lo que quiero compartir contigo en estas palabras: todo-es-posible: Ahora vamos por #UnGoyaParaEcuador luego… quién sabe. Esto sólo empieza y ya hemos ganado mucho más de lo que podría soñar. Gracias @proecuador_madrid @marcaecuador y todos los que se suman a esta visión.

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