¿Quién está detrás del póster más loco del cine español?

Volvemos al cartel de 'Esa sensación' para intentar desentrañar sus misterios.

Por - 13 de mayo de 2016

Imaginar el cine.

Es bonito. A veces pasa.

Ver un cartel e imaginar la película que promete, hasta el punto de —sólo con esa información— pagar una entrada para verla. Ultramagnéticos, incrustados en las ciudades, los carteles de cine se encuentran entre los referentes visuales más difundidos de la historia. Muchos se han visto más que las propias películas que anunciaban y en algunos casos, a diferencia de los anuncios de otros productos, han pasado de generación en generación hasta consolidarse como patrimonio cultural.

El arte del cartel de cine es el de sintentizar en un golpe de vista el above the line, lo que en jerga de producción se refiere a los elementos clave para levantar la financiación de una película. Star-system principalmente. En su defecto, porque las estrellas pueden llenar salas pero resulta que son caras y no todas las cinematografías se pueden permitir el lujo de su brillo, está la alternativa de subrayar algún éxito reciente del director o el productor, apuntar que se trata, quizás, de la adaptación de una historia conocida o enfatizar el género cinematográfico para congregar a la parroquia que corresponda. El resultado es un canon visual forjado sobre un modelo de negocio muy concreto. Para salirse de las inercias de dicho canon hay que disponer de un diseñador con el talento y el prestigio de Saul Bass o directamente de un entramado económico distinto que permita maneras distintas, como ocurrió con el cartel de cine polaco y cubano.

Todo esto a cuento de que de pronto hay un cartel que aquí, ahora, sin que lo esperáramos, nos ha hecho pestañear mil veces. Nos ha hecho pensar en nuestros Iván Zulueta, Jano, Renau o Cruz Novillo, en el afiche español. Cerrando los ojos con fuerza, fijándonos en las chiribitas como de cuadro abstracto que se forman en la oscuridad, intentamos recordar los pocos carteles que han asimilado los motivos de las vanguardias pictóricas. Me acuerdo de una versión alternativa del cartel de Carmen de Carlos Saura a partir de una obra de su hermano Antonio. También de Naftalina de Pep Callis, a cargo de Cuixart, y de Vacas, con su guiño a El Guernica. Ahora que los repaso en la red me llama la atención cómo en todos, a pesar de lo rupturista, no deja de haber rastros de eso que nos suele interesar a las personas: las personas. Para encontrar carteles ligados a las vanguardias que no contengan antropomorfismos hay que hacer aún más memoria e irse a la rareza que fueron las copias únicas de Antoni Clavé.

La cartelera más conocida también cuenta con estrategias para evitar los lugares comunes, como las tipografías de Tierra (Óscar Mariné) o Átame (Estudio Gatti), o los objetos inesperados de Barrio o Tacones lejanos. La cuestión es que son excepciones.

Y la cuestión también es que, creo que sin pensar en esas genealogías, el artista logroñés Nacho García se ha marcado un diseño que muy alegremente se pasa por el forro casi todas las reglas no escritas del cartel cinematográfico: no hay rastro de actor o actriz, de personas cualesquiera, de tramas, géneros, plantas, animales o cosas. Sólo lo que diantres sean esas formas hechas con Photoshop. Y por si fuera poco, el título sale miniaturizado.

esasensacion

La película es Esa sensación, un largometraje realizado a tres por Pablo Hernando (director de Cabás y Berserker), Julián Génnison (una de las esquinas de ese Triángulo de las Bermudas audiovisual que es Canódromo Abandonado) y Juan Cavestany (director, entre otras, de Dispongo de barcos). Se estrena hoy, viernes 13 de mayo, tras su paso por Rotterdam y Málaga. El cartel, de tan raro, ha dejado de ser póster oficial en lo que iba y venía de un festival a otro. Pero no importa porque se ha descubierto y ha quedado contenido en los títulos de crédito, animados por César Abánades a partir del trabajo de García.

Los tres cineastas nos procuran algunas interpretaciones cuando les preguntamos: “El cartel de Nacho García es la tabla periódica de unos elementos nuevos. Nadie conoce sus nombres ni cómo están ordenados, pero el resultado de combinarlos lo conocemos todos: es lo que llamamos existir”, dice Hernando. A lo que Cavestany añade: “El estilo de Nacho García es rabiosamente provocador, por esa sensación de que el estilo de sus dibujos sin duda va a ofender a alguien cuyo criterio respetas mucho. De todas formas la palabra clave es rabiosamente“.

“No sé por qué la gente no se come la piel del chorizo. ¡Pero si es lo mejor!”, concluye Génnison citando una viñeta de Pulir, el compendio de experimentos gráficos de García que publicó la prestigiosa editorial Fulgencio Pimentel en 2013. “La ciudad de Esa sensación parece encerrar toda clase de secretos: el secreto del amor, el secreto de la fe, el secreto de la fluidez social. Tras mucho deambular los personajes se estrellan contra la misma evidencia: que en realidad no hay secretos ni dobles fondos. Todo es decepcionantemente lo que es y nada más. El cartel que ha hecho Nacho García para la película resume perfectamente ese descubrimiento cotidiano y un poco bochornoso: que en el fondo todo estaba en la superficie. Lo mejor del chorizo era la piel”.

Existir. Rabiosamente. Embutido ibérico. Lo que queda claro es que Nacho García ha entendido muy bien todo lo que NO hay que hacer. No para no hacerlo sino para hacerlo a su manera. Con un sentido del humor formalista que estaba en Pulir, en su trabajo en el estudio Nuevo Sitio y está en las ideas que constantemente sube y baja de su web, García busca llegar a lo obvio mediante sofisticados juegos de composición. Un trabajo en el que sigue absorto, eliminando poco a poco todos los elementos que considera superfluos hasta quedarse con las unidades mínimas del chiste y la ilustración: palitroques, círculos y chascarrillos cafres. Lo llamativo es que mientras más bruñe esas formas básicas e impersonales más personalidad adquiere.

Cándida y radical, la sensibilidad de Nacho García conecta con las de Mogu Takahashi, Acacio Ortas, Ken Kagami, David Shrigley, Masanao Irayama o Ian Stevenson sin deberse a ninguna de ellas, y juguetea con la historia de las vanguardias del siglo XX como un niño de 0 a 6 años lo hace con este puzle de motricidad. Así, vuelve a los cubos de Carl Andre en términos de Minecraft, hace versiones de cuadros del siglo XVII a partir de imágenes de stock encontradas por internet o atomiza, para este encargo, lo post-painterly y lo post-vaporwave, dos etiquetas ridículas que en cuanto termine esta frase nunca nadie jamás debería volver a usar.

El cartel de Esa sensación pertenece a un momento en el que el cine es una opción más entre youtubes, vines, series de televisión consumidas en internet, torrents y videojuegos en red, en el que los carteles de cine no son una parte tan esencial del paisaje de la ciudad porque el negocio que les daba sentido, las salas, ya no lo es tanto. Pero ha sido verlo y, como pasa con los grandes diseños, querer imaginar el cine. No sólo la película, que también. El cine.

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