Óscar Catacora: “Wiñaypacha’ es mi compromiso personal con mi pasado y mi pueblo”

El cineasta peruano presenta una conmovedora historia sobre dos ancianos de etnia aimara en el altiplano andino, que representa al país en la carrera hacia los Goya y los Oscar.

Por - 30 de noviembre de 2018

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  • La inmensidad del paisaje y la filosofía andina resisten en una pareja de ancianos llamados Willka y Phaxsi, quienes, aislados en la belleza y dureza de un altiplano que se alza a más de 5000 metros de altitud, mantienen sus costumbres, su lengua, el idioma aimara, y su religión a la espera de un hijo cuyo retorno se demora. Con estos mimbres mínimos, Óscar Catacora ha sacudido el panorama cinematográfico peruano en el último año, porque Wiñaypacha no es solo uno de los debuts más sorprendentes del cine andino de los últimos años, afirman los críticos del país, sino que ha tenido una cálida acogida entre el público y ahora se postula en la carrera hacia los Goya, con el objetivo de convertirse en una de las candidatas a la mejor película iberoamericana, y camino de los Oscar como representante de Perú.

    ¿Cuál es el origen de Wiñaypacha? ¿Qué te llevó a ir al altiplano andino a narrar la historia de dos ancianos indígenas?

    Llevo desde los 17 años trabajando el mundo audiovisual, aprendí de manera autodidacta, pero hasta 2013 no decido ponerme con mi primer largometraje. Fue algo natural: quería contar una historia sumamente sencilla y viable, con pocos personajes y una localización accesible, debido al presupuesto limitado en que nos movíamos. De ahí surgió la historia de dos ancianos aimara-hablantes. Quería abordar el tema del abandono de las personas ancianas en las zonas altoandinas del sur de Perú, porque la comunidad aimara está diluyéndose a causa de la migración de los jóvenes a las ciudades. Los jóvenes aimara están perdiendo su identidad y sus padres, los ancianos, digamos que perecen en el abandono.

    ¿Por qué has decidido contar la historia de Willka y Phaxsi a través de los parámetros del mito?

    Obedece a la cosmovisión andina, es decir, a la forma de pensar del poblado andino. Y es que el tiempo se percibe de manera cíclica, como una estructura circular y no lineal, como puede suceder en las sociedades occidentales. La película también pone en escena esa cosmovisión, y está reflejado en varias escenas donde los protagonistas rinden culto a la naturaleza y se agradece por el año que concluye mientras se piden buenos deseos para el año venidero. Los protagonistas están en constante interacción con su misticismo.

    En casi todos los planos de Wiñaypacha, los protagonistas están siempre enmarcados con la naturaleza, como si sus existencias no pudieran comprenderse sin el lugar donde viven.

    Dentro de la cosmovisión del Ande, la naturaleza es un ser y queríamos que en la película fuera un personaje más, que tuviera vida y voz. Por este motivo hay música y el único sonido que se escucha es el del exterior. Pero en Wiñaypacha teníamos un objetivo muy concreto, que era tratar de detener el tiempo. Cuando mueves una cámara, digamos que aceleras el tiempo, haces que una escena sea más dinámica y tenga más energía. Nosotros queríamos justo lo contrario, porque las personas mayores se mueven mas lentos, son mas clamados y están mas estáticos. Y eso es lo que estábamos buscando: hacer una película estática, que pudiera detener el tiempo. Y con ello, además, nos posicionamos en contra de los modos actuales de producción cinematográfica, donde se da mucho valor a las nuevas tecnologías, a los movimientos de cámara o a los drones. En mi opinión, se pueden hacer muy buenas cosas con pocos recursos, tal y como sucedía en los orígenes del cine,

    Háblanos de tus protagonistas, dos ancianos de etnia aimara que no sabían lo que es el cine hasta que tú les convenciste para actuar en Wiñaypacha.

    La señora Rosa Nina interpreta a Phaxsi, y el señor Vicente Catacora hace de Willka. Es familiar mío, en efecto, es mi abuelo materno. Willka y Phaxsi significan sol y luna, respectivamente, en lengua aimara, así que esta es la historia del sol y la luna. Dimos con la señora Rosa Nina en una comunidad altoandina y muy amablemente aceptó colaborar con nosotros sin saber qué iba a hacer. Le enseñamos clases de actuación, que se acostumbrara a la presencia del equipo, de la cámara, etc., durante unos seis meses. Recuerdo que al inicio de todo era muy tímida, porque de donde viene no están muy acostumbrados a lidiar con las personas tan cercanamente, la interacción es mas distante. Lo mismo con el abuelo Catacora. En su caso, hubo más complicaciones debido a que él es más mayor que yo. Cuando hicimos el filme, yo debía andar por los 28 años y, culturalmente, en la cultura andina, que un hombre menor ordené a una persona mayor puede ser considerado una falta de respeto. Y al ser familia, se magnifica. Para evitar situaciones complicadas, contratamos los servicios de un intermediario,  para que las indicaciones de dirección no sonaran impositivas.

    Hablas de una interacción distante, de respeto hacia tus mayores. ¿Cómo gestionasteis estas cuestiones culturales ya en el set de rodaje, con el equipo técnico?

    Partíamos de la certeza de que los ancianos no iban a estar cómodos con mucha gente en el set, así que había que reducir el número de personas para que no se sintieran intimidados. El equipo era de unas 20 personas en total, pero en el momento de rodar estábamos solo yo, el director de foto, el sonidista y un compañero de iluminación. Así rodamos la película. Aún y así, hubo momentos en que se sentían avergonzados de que tanta gente estuviera a su alrededor. Porque fue muy complicado superar el escollo cultural, porque en la lengua aimara no existe ni el concepto de ‘actuación’ ni el término ‘ficción’. El término o concepto que más se parece es el de ‘jugar’, o el de ‘mentir’, pero la mentira es algo negativo y está mal visto en su comunidad. Intentar explicarles que lo que hacían no era, digamos, verdad, fue una verdadera dificultad. Porque en la película, como verán los espectadores, también hay momentos trágicos, y que ellos ‘jugaran’ a ello, digamos que podrían entender como  un peligro o una amenaza. Y así nos sucedió: cuando la abuela Rosa Nina se se enteró de que iba la historia de la película, ya no quiso seguir participando, por el miedo a que tal vez le podría pasar lo mismo.

    Entiendo, entonces, que en lengua aimara no existe el concepto de representación.

    No, no existe. Sus ritos no son representaciones sino que son el momento de interacción real con la naturaleza. Esos actos ceremoniales son de encuentro con los seres inefables de la naturaleza.

    Has señalado que el protagonista de Wiñaypacha es tu abuelo materno. ¿Qué otros vínculos te unen a la cultura aimara? ¿Querías reivindicar alguna cuestión personal filmando la historia de estos ancianos ue forman parte de tu familia?

    Wiñaypacha es mi compromiso personal con mi pasado y con mi origen. Nací en la zona rural aimara, en el sur de Perú, y aprendí a hablar lengua aimara gracias a mis abuelos. Con la película trato de reivindicar esta cultura que ha vivido históricamente marginada, como pueblo maltratado pero resistente. Esta reivindicación no tiene nada que ver con cuestiones políticas actuales, sino más bien con la historia con mayúsculas, con ese pasado de la conquista del imperio incaico. Los personajes son los resistentes, que resisten a la progresiva pérdida del idioma y de la identidad. En un determinado momento en la película se dice “nuestro hijo ya no quiere hablar la lengua aimara”, y eso es algo que sucede. Muchos jóvenes ya no quieren hablar esta lengua porque está estigmatizada y hay una cierta discriminación en el país hacia aquellos que provienen de zonas indígenas. La lengua aimara es trivocal –solo existen las vocales a, i y u–, y cuando uno quiere hablar de manera fluida el español, cuesta más. Que un indígena hable mal español está como sancionado moralmente, pero que otra persona, de apariencia caucásica o europea, lo hable mal, hasta se celebra.

    Wiñaypacha ha sido muy bien recibida en Perú. ¿Creías que el público iba a conectar tanto con esta historia de una pareja de ancianos resistentes?

    Pues fue una sorpresa la gran recepción que ha tenido, y que los espectadores la hayan recibido con mucho halago e identificación. Jamás imaginé que tanta gente se fuera a identificar con los protagonistas. En Perú, la película ha aguantado unas 7 semanas en salas y la han visto más de 30.000 personas; y es un logro increíble, porque las películas de cine de autor no aguantan mas de una semana en cartelera. Tuvimos que competir con estrenos tan fuertes como Vengadores: Inifinity War, que entró en salas una semana después que Wiñaypacha, y aún y así ¡nuestra película resistió!

    Por último, ¿tus actores protagonistas han podido ver Wiñaypacha?

    La señora Rosa Nina la vio en una sala de cine y se emocionó mucho, mientras que el abuelo no pudo verla por cuestiones personales. Era la primera vez que la señora Rosa Nina entraba en una sala de cine para ver una película, y cuando terminó el filme, dijo de manera literal “en esa cosa he dejado una parte de mi vida”. En lengua aimara no existe el término cine, ni la ficción como tal, así que al cine lo llamaba “esa cosa”, como algo muy material y muy real. Sin duda, debió ser para ella una verdadera experiencia.