Donald Trump: el primer presidente de EE UU con un Razzie (como actor)

Ni siquiera Ronald Reagan puede alardear de una filmografía tan copiosa (y tan delirante) como la del nuevo inquilino de la Casa Blanca

Por - 10 de noviembre de 2016

Más allá de los vituperios (provengan o no de Michael Moorey de los reparos hacia su ideología, Donald Trump destaca entre los presidentes de EE UU por una razón: después de Ronald Reagan, es probable que pase a la historia como el inquilino del Despacho Oval con la filmografía más amplia. Si el marido de Nancy Reagan desempeñó una fecunda actividad como actor y productor que terminó con su entrada en política, el adversario de Hillary Clinton se ha dejado guiar por su insaciable hambre de fama para acumular un buen número de cameos e intervenciones as himself  en películas y series, que le llevó, incluso, a ganar el ‘anti-premio’ Razzie a Peor Actor Secundario (1989) y dos nominaciones al Emmy (como productor) por su reality The ApprenticeSólo uno de sus predecesores, George W. Bush, tuvo el dudoso honor de hacerse con una ‘frambuesa’, pero lo hizo en el seno del documental Fahrenheit 9/11, como Peor Pareja en comandita con Condoleeza Rice.

Para dejar constancia de esta faceta del recién electo mandatario, aquí van unos cuantos ejemplos de una carrera que le ha llevado a tener un total de 19 créditos como actor en IMDB.

Los fantasmas no pueden… hacerlo (1989)

Esta comedia sexy, bastante floja por lo demás, fue el debut de Trump como actor, y también la responsable de que el magnate se llevara el Razzie a casa. Famosísimo ya por entonces, gracias a su mal carácter y sus tejemanejes inmobiliarios, Donald interpreta a un hombre de negocios con el cual trapichea la protagonista Bo Derek, sex symbol ya por entonces en horas bajas y otra seria aspirante a mejor peor actriz de la historia.

Solo en casa 2: perdido en Nueva York (1992)

¿Cómo se las apañó un señor tan risqué como Donald Trump para aparecer junto a un Macaulay Culkin aún sonrosado y candoroso? Sencillo: por entonces, él era el propietario del hotel Plaza, mastodóntico y lujosísimo establecimiento neoyorquino donde transcurre parte del filme. Como para no saber, pues, cómo se llegaba a la recepción.

El príncipe de Bel Air (serie, 1989-1996)

Efectivamente: Will Smith es un demócrata convencido, mientras que Trump ha irrumpido en el Partido Republicano cual elefante en la cacharrería. Sin embargo, en 1991 se vieron las caras cuando Donald (autoparodíandose… o eso parece) fue de visita a la mansión de tío Phil. La cordialidad mostrada por Will al recibir al magnate resulta, a fecha de hoy, muy paradójica, sobre todo si hacemos caso a algunos rumores, según los cuales Trump no se portó nada bien durante el rodaje.

Una pandilla de pillos (1994)

Penelope Spheeris, la muy rockera directora de Wayne’s World, patinó con este remake modernizado de La pandilla, el famoso serial cinematográfico. Aun así, bordó una broma muy sibilina adjudicándole a Trump un cameo como el padre de Waldo, el pequeño villano de la historia. “Eres el mejor hijo que puede comprarse con dinero”, le dice el millonario a su pequeña sabandija. Spheeris, por su parte, tampoco guarda un buen recuerdo del magnate: “Él y  Marla [su entonces esposa] se portaban como si fuesen los reyes de Inglaterra”, comenta.

Eddie (1996)

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Aficionada a la marihuana, deslenguada, gay friendly… Cualquiera diría que Whoopi Goldberg es la estrella de cine que más créditos ha compartido con Donald Trump. Y, para colmo, sus dos colaboraciones tuvieron lugar el mismo año: tanto en Eddie, una comedia sobre el mundo del baloncesto, como en la sátira financiera Cómo triunfar en Wall Street (en un par de horas), Trump se interpretaba a sí mismo dando rienda suelta a faceta de hombre de negocios arrollador y malhablado.

Spin City. Loca alcaldía (1998)

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Michael J. Fox es otra de las estrellas de cine con las que ha trabajado Donald. Concretamente, el magnate se pasó por la telecomedia sobre política y corruptelas que Fox protagonizó hasta 2001, cuando el mal de Parkinson le impidió seguir actuando. Por entonces, recordemos, Fox era aún uno de los actores de Hollywood que más se significaban en favor de los republicanos, una actitud que cambió drásticamente cuando el partido se opuso a la investigación con células madre.

Sexo en Nueva York (1999)

Quienes acusaban a la serie de Sarah Jessica Parker de ser un canto al lado más frívolo y petardo de la Gran Manzana (como si eso fuera un defecto…) pueden apoyarse en el hecho de que Trump hiciese un cameo en ella. Claro que quien se encontraba con él no era ‘Sarajesi’, sino Kim Cattrall, su archienemiga behind the scenes. La brevísima intervención de Trump lo representaba como amigo de un millonario que pretende a la siempre tumultuosa Sammy Jo. Con decir que el capítulo se titulaba V de viagra, creemos que la evolución de la historia está bastante clara.

Celebrity  (1999)

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Aunque, a priori, encarnan ideales totalmente opuestos (¿hace falta decir por qué?) el genio de Manhattan recurrió a su paisano especulador inmobiliario para una de sus películas más amargas. Y, claro, había truco: la película era una cruenta sátira de la cultura del famoseo (representada, en la ficción, por Leonardo DiCaprio) y de quienes se arriman a ella, como el viscoso periodista Kenneth Branagh. ¿Pillaría Donald el chiste?

Zoolander (2001)

En la misma línea glamurosa, Donald Trump le prestó su apoyo al supermodelo favorito de todo cinéfilo que se precie: ese Ben Stiller que no sabe girar a la izquierda. Una vez más, sospechamos que este cameo tenía algo de doble intención, porque, en un filme que es en sí mismo una documentada crítica al mundo del fashionismo, eso de que te saquen afirmando que “sin Derek Zoolander, el mundo de los modelos masculinos no sería lo mismo”, tiene mucha guasa.

BONUS: Wall Street: El dinero nunca duerme (2010)

Debido a que su fama se cimentó durante la época de los yuppies, las reaganomics y el capitalismo salvaje (y que, ejem, la predatoria figura de Gordon Gekko -Michael Douglas-) le debía bastante, Donald Trump venía que ni pintado para la secuela de Wall Street. Y, de hecho, Oliver Stone contó con él para un cameo, Trump se presentó en el set… y el director le echó del rodaje. Stone, que había cedido a todas las exigencias de Trump para intervenir en el filme, acabó harto de su manifiesta incapacidad para actuar, haciéndole repetir toma tras toma hasta que quedó claro que allí no había nada que rascar. Seguro que, en estos momentos, el cineasta se arrepiente de su decisión.

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