David Fincher: “La red social’ no es la película del año”

Al aclamado director se le suelta la lengua y arremete contra su propia película, la campaña promocional de esta y las autoridades de Harvard. Puro 'Se7en' verbal.

16 de enero de 2011

La red social no es la ‘película del año’. La noción de que pueda haber una ‘película del año’ me parece absurda”. Con lo tranquilo que parece, David Fincher sabe cómo calentar los ánimos: en una reciente entrevista, recogida por nuestros compañeros de Slashfilm, el director la ha tomado con todo lo tomable, comenzando por su propio filme.

Inmerso en el rodaje de su versión de Millennium con Daniel Craig y Rooney Mara, Fincher hablaba así de los críticos que, a su parecer, sobrevaloran La red social: “Espero que las películas sean algo más que atracciones de parque temático. Espero que las películas sean elementos culturalmente relevantes, como la literatura o la música”. Así hablaba el cineasta, y sentenciaba: “Espero que las películas no se vuelvan desechables, como las canciones que se ponen en las radiofórmulas”.

Vamos, David, que tú lo que temes que tu película acabe olvidada tras recibir una avalancha de premios. Normal. ¿Algo más? Pues sí: en la entrevista, Fincher también la emprendió contra el uso de los EPK (Electronic Press Kit). ¿Qué es un EPK? Pues los archivos de video, usualmente en un dvd, que las distribuidoras entregan a la prensa para promocionar una película: todos los clips que véis de un estreno reciente por TV provienen, seguro, de uno de ellos. “Muy pocos de los actores a los que aprecio querrían salir en un EPK, porque es otra herramienta promocional más”, explica el director. Y prosigue: “Una película me interesa cuando oigo hablar a la gente sobre ella. Al final, cuando la veo, no tiene nada que ver con lo que había imaginado: siempre es más interesante”.

Resumamos: a Fincher no le gusta que se aclame La red social en la prensa, no le gusta cómo fue promocionado su filme… Y tampoco le gustan las autoridades de la Universidad de Harvard, que no le permitieron rodar los exteriores de la película en su campus. Y con una buena razón, porque lo que buscaba Fincher allí no eran sólo edificios históricos o facilidades técnicas (“Si me llegan a dejar, habría rodado la película en seis semanas”, explica), sino más leña para su fuego satírico. “Conforme vas acercándote a su campus, empiezas a ver a gente con chándales de Harvard, sudaderas de Harvard, tazas de Harvard, alfombrillas de ratón de Harvard… Y piensas: ‘Esto no es una universidad… ¡Es una marca!”.