¡Un coach!

23 de agosto de 2010

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  • EL OTRO DÍA IBA POR LA CALLE, y se me acercó un muchacho que vestía un chándal aunque no tenía pinta de venir de hacer deporte, al revés, su aspecto era el de alguien que no había dormido bien en los últimos 10 años. El caso es que llevaba una bolsa llena de paquetes de pañuelos de papel y ofreciéndome uno me dijo: “¿Me lo compras que no tengo dinero?” Y yo le respondí: “¡Cómo vas a tener dinero! ¡Si te lo has gastado todo en kleenex!”.

    A lo mejor pensareis: Joaquín es un pelín cabrón. Nada de eso, es más bien que no tengo filtro y lo que pienso lo digo. Sin maldad.

    Pero no era esto lo que os quería contar sino que poco después, al doblar la esquina, me encontré a un amigo también actor al que encontré cabizbajo y un poco plof. Le pregunté qué le pasaba y me dijo que el papel protagonista que parecía que iba a hacer en una película al final se lo habían dado a otro. Yo creí mostrar comprensión, pero él interpretó que me alegraba y me dio le sensación de que se enfadó conmigo porque se despidió mandándome a la mierda. Eso sí, vocalizando y proyectando muy bien la voz.

    Todo esto me hizo reflexionar y me di cuenta de que una vez mas había sido malinterpretado facialmente. Y llegué a la conclusión de lo bien que me vendría, para la vida real, algo que en mi último filme me proporcionaron sin yo pedirlo, y me explico. Ya veréis como al final todo tiene sentido.

    El último papel que he interpretado ha sido el de un soldado republicano que, una vez terminada la guerra, se echa al monte y se esconde en una cueva. Resulta que en realidad es una gruta mágica con la que viaja en el espacio y en el tiempo, concretamente aparece en el Versalles del siglo XVII. Allí, después de muchos avatares, conoce a Luis XIV y se gustan, pero claro, su amor es imposible porque cambiaría el curso de la historia. La película se llama Un maqui en la corte del Rey Sol.

    Bien, pues en las escenas de pasión yo intentaba transmitir arrebato, pero lo que finalmente transmitía era inapetencia. El caso es que el director mandó que me pusieran un coach. Un coach es alguien que de una forma muy solícita te dice la cara que has de poner y cómo tienes que decir las cosas. Es como un director, pero dice las cosas sin gritar.

    Y bueno pues eso, que en la vida real me vendría muy bien un coach.

    (Aplauso aquí).

    ¡Un coach!

    23 de agosto de 2010

    EL OTRO DÍA IBA POR LA CALLE, y se me acercó un muchacho que vestía un chándal aunque no tenía pinta de venir de hacer deporte, al revés, su aspecto era el de alguien que no había dormido bien en los últimos 10 años. El caso es que llevaba una bolsa llena de paquetes de pañuelos de papel y ofreciéndome uno me dijo: “¿Me lo compras que no tengo dinero?” Y yo le respondí: “¡Cómo vas a tener dinero! ¡Si te lo has gastado todo en kleenex!”.

    A lo mejor pensareis: Joaquín es un pelín cabrón. Nada de eso, es más bien que no tengo filtro y lo que pienso lo digo. Sin maldad.

    Pero no era esto lo que os quería contar sino que poco después, al doblar la esquina, me encontré a un amigo también actor al que encontré cabizbajo y un poco plof. Le pregunté qué le pasaba y me dijo que el papel protagonista que parecía que iba a hacer en una película al final se lo habían dado a otro. Yo creí mostrar comprensión, pero él interpretó que me alegraba y me dio le sensación de que se enfadó conmigo porque se despidió mandándome a la mierda. Eso sí, vocalizando y proyectando muy bien la voz.

    Todo esto me hizo reflexionar y me di cuenta de que una vez mas había sido malinterpretado facialmente. Y llegué a la conclusión de lo bien que me vendría, para la vida real, algo que en mi último filme me proporcionaron sin yo pedirlo, y me explico. Ya veréis como al final todo tiene sentido.

    El último papel que he interpretado ha sido el de un soldado republicano que, una vez terminada la guerra, se echa al monte y se esconde en una cueva. Resulta que en realidad es una gruta mágica con la que viaja en el espacio y en el tiempo, concretamente aparece en el Versalles del siglo XVII. Allí, después de muchos avatares, conoce a Luis XIV y se gustan, pero claro, su amor es imposible porque cambiaría el curso de la historia. La película se llama Un maqui en la corte del Rey Sol.

    Bien, pues en las escenas de pasión yo intentaba transmitir arrebato, pero lo que finalmente transmitía era inapetencia. El caso es que el director mandó que me pusieran un coach. Un coach es alguien que de una forma muy solícita te dice la cara que has de poner y cómo tienes que decir las cosas. Es como un director, pero dice las cosas sin gritar.

    Y bueno pues eso, que en la vida real me vendría muy bien un coach.

    (Aplauso aquí).

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