Por - 03 de enero de 2018

Una cita inspiradora del piloto Mario Andretti acerca de la velocidad y el control abre Veloz como el viento, pero igual de bien le habría venido a la película recurrir a las palabras de Dominic Toretto sobre la importancia de la familia. Como ocurre en la mente del protagonista de la saga Fast & Furious, aquí todo son ruedas quemando asfalto y lazos familiares. Cuando su padre muere repentinamente, la joven Giulia debe hacerse cargo del negocio familiar de pilotos de rallies, de su hermano pequeño y de la vuelta a casa de su hermano mayor, un talentoso conductor caído en desgracia y en una espiral de drogadicción.

Stefano Accorsi, que ganó su segundo David di Donatello por esta interpretación, se deja la piel (y la dentadura) en un papel reminiscente del Christian Bale de The Fighter trasladado al mundo GT. También combinará su camino de redención con ejercer de entrenador detrás del volante para su hermana, interpretada con implacable convicción por Matilda De Angelis; debut que recuerda en luminosidad al de Giovanna Mezzogiorno en El último beso. Todos los tropos posibles de superación deportiva caben en las peripecias de los hermanos, y Matteo Rovere los maneja con la misma destreza que las secuencias de carrera: mecánicas en pista, trepidantes por las calles centenarias de Imola y Matera. Como la historia: más emocionante cuanto menos se pueden anticipar las curvas.

Asfalto, familia y la Basilicata italiana. Seguro que le chifla a Vin Diesel.