Requisitos para ser una persona normal

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Por - 01 de junio de 2015

Nunca compares tu trastero con el escaparate de los demás, me aconsejó una vez una psicóloga. La máxima, sencilla y redonda, sería el tagline perfecto para la ópera prima de Leticia Dolera, atravesada por una pregunta igualmente elemental: ¿Qué es ser normal? María de las Montañas, la protagonista de su preciosa primera película, quiere serlo porque piensa que ahí se esconde el secreto de la felicidad: en tener un novio exitoso, un curro guay, aficiones, una casa y una sana vida familiar. Cuando en una fallida entrevista de trabajo se ve tachando mentalmente todas estas condiciones para ser feliz arranca Requisitos para ser una persona normal. Que alguien analice, por favor, en qué andamos los treintañeros para que la película que en EE UU tendría lugar en la universidad (Adventureland) o, incluso, en el instituto (Las ventajas de ser un marginado), en España se contextualice entre los de nuestra edad. Sea por lo que sea, mucho tiene de aquellas este cuento optimista que bebe también del cine indie norteamericano en su estilo preciosista y vivo. Y, digámoslo también, en sus lunares de colores, gafas con forma de corazón y zapatos plateados caminando por los pasillos de IKEA. Entre estas referencias, Miranda July –¿cuánto tiempo tenía que pasar para que una mujer en España siguiese su camino de directora, guionista y protagonista de sus propias historias?–, esa peli de su marido llamada Beginners y toda la historia a las espaldas del país que consolidó la comedia romántica de autor, empezando por Cuando Harry encontró a Sally y continuando por los titubeos de Annie Hall. Porque Requisitos para ser una persona normal es una historia de amor. O varias. Para empezar, es la rom com entre María de las Montañas y Borja (entrañable Manuel Burque, exuda vis cómica con su acentiño), su alma gemela con sobrepeso. Pero, fundamentalmente, es el romance de la propia protagonista consigo misma: su reconquista de la vida familiar que perdió. La aceptación de que el mundo de Cristina Pi (genial, como siempre, Alexandra Jiménez) no tiene por qué ser mejor que el suyo por muchas catas de vino y galerías de arte. Y la conclusión de que lo que la hace feliz de verdad no está en ninguna lista para ser normal, que eso es sólo el escaparate del que hablaba la psicóloga, sino que tiene más que ver con entrar hasta el fondo y ordenar el trastero.

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Nunca compares tu trastero con el escaparate de los demás, me aconsejó una vez una psicóloga. La máxima, sencilla y redonda, sería el tagline perfecto para la ópera prima de Leticia Dolera, atravesada por una pregunta igualmente elemental: ¿Qué es ser normal? María de las Montañas, la protagonista de su preciosa primera película, quiere serlo porque piensa que ahí se esconde el secreto de la felicidad: en tener un novio exitoso, un curro guay, aficiones, una casa y una sana vida familiar. Cuando en una fallida entrevista de trabajo se ve tachando mentalmente todas estas condiciones para ser feliz arranca Requisitos para ser una persona normal.

Que alguien analice, por favor, en qué andamos los treintañeros para que la película que en EE UU tendría lugar en la universidad (Adventureland) o, incluso, en el instituto (Las ventajas de ser un marginado), en España se contextualice entre los de nuestra edad. Sea por lo que sea, mucho tiene de aquellas este cuento optimista que bebe también del cine indie norteamericano en su estilo preciosista y vivo. Y, digámoslo también, en sus lunares de colores, gafas con forma de corazón y zapatos plateados caminando por los pasillos de IKEA. Entre estas referencias, Miranda July –¿cuánto tiempo tenía que pasar para que una mujer en España siguiese su camino de directora, guionista y protagonista de sus propias historias?–, esa peli de su marido llamada Beginners y toda la historia a las espaldas del país que consolidó la comedia romántica de autor, empezando por Cuando Harry encontró a Sally y continuando por los titubeos de Annie Hall.

Porque Requisitos para ser una persona normal es una historia de amor. O varias. Para empezar, es la rom com entre María de las Montañas y Borja (entrañable Manuel Burque, exuda vis cómica con su acentiño), su alma gemela con sobrepeso. Pero, fundamentalmente, es el romance de la propia protagonista consigo misma: su reconquista de la vida familiar que perdió. La aceptación de que el mundo de Cristina Pi (genial, como siempre, Alexandra Jiménez) no tiene por qué ser mejor que el suyo por muchas catas de vino y galerías de arte. Y la conclusión de que lo que la hace feliz de verdad no está en ninguna lista para ser normal, que eso es sólo el escaparate del que hablaba la psicóloga, sino que tiene más que ver con entrar hasta el fondo y ordenar el trastero.

Leticia Dolera se marca un Miranda July –escribe, dirige y protagoniza– y el resultado es mucho mejor que normal.