Por - 02 de febrero de 2015

No era necesario tropezar con Los extremeños se tocan de Alfonso Paso para descubrir que los opuestos se atraen, también en el cine. Gabe Polsky, norteamericanísimo cineasta de origen ruso, conjunción en otro tiempo diabólica, representa en sí mismo (dedica el filme a sus padres, educados en la URSS) esta eterna lucha de polos y acaricia la perfección del equilibrio de un imán con su primer y magnético documental (tras su debú en la ficción con The Motel Life), una historia íntima de la mejor selección de hockey sobre hielo de la historia y, de paso, una mirada nueva, desde el stick, a la Guerra Fría. La iconografía soviética es el aliado perfecto de la tendencia más reciente del documental popular, el que se ha convertido en atractivo para un público más amplio, en parte por los usos y maneras de la escuela Michael Moore: el exceso retórico, el apabullante bombardeo de imágenes (exquisitamente escogidas en un trabajo documental hercúleo) a veces estomagante en otros ámbitos, se convierte aquí en el aliado perfecto de la estética, entre muralista y elefantiásica, del totalitarismo comunista. Pero no sólo en su factura logra triunfar esta pieza de nostalgia (por un deporte de Estado idealizado por el paso de los años; no por el sistema político que ayudó a crearlo, no huyan) que cualquier coleccionista de cromos abrazará. Su tesis de choque está milimétricamente pensada para concluir que, tras la caída del Telón de Acero, fueron sus diferencias las que acabaron uniendo indisolublemente a los dos bloques alrededor del deporte favorito de los poderosos: el capitalismo salvaje.

Comunismo-capitalismo. Crónica deportiva de ‘El clásico’ del siglo XX.

‘Red Army’: tráiler exclusivo

Hockey sobre hielo en plena guerra fría: así es el documental producido por Werner Herzog sobre una de las mejores selecciones deportivas de la historia.