Rams (El valle de los carneros)

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Por - 10 de noviembre de 2015

Aunque muchos cuenten ovejas para dormir, a los protagonistas de Rams les quitan el sueño. Dos hermanos ganaderos en sendas y remotas granjas islandesas, separadas por apenas unos metros, librando diariamente una guerra sorda en la que las envidias y el resentimiento sirven de munición, ven cómo su contienda pierde sentido –si es que alguno de estos dos ancianos recuerda aún cuál era– cuando una epidemia amenaza al ganado bovino de su zona. Obligados por las autoridades a deshacerse de ellas y empezar de nuevo, con las manos vacías y sin la herencia que tan celosamente protegían el uno del otro, no tienen más remedio que ver lo solos, cansados y mayores que están. Suena, huele y tiene pinta de tragedia, ¿verdad? No le faltan mimbres para serlo, pero algún hermano Coen debió asentarse en Islandia antes de partir para Fargo, porque Rams encuentra la forma de introducir hebras de fina ironía situacional cuando se da el caso. Es sólo una hipótesis delirante, probablemente derivada de la nieve y las ventiscas del paisaje de la película, pero es que resulta complicado encontrar una conexión entre esta película tan insular como singular. ¿Cómo si no se puede explicar que una historia en la que carneros y ovejas tienen más diálogos que sus protagonistas resulte tan entretenida y empática que, a pesar del frío, resulte tan cálida como el conmovedor abrazo desnudo de estos dos hermanos?

Dos hermanos pastorean sus diferencias rodeados de ovejas.