Quiero comerme tu páncreas

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Por - 07 de abril de 2019

La expresión “manic pixie dream girl ” fue acuñada por el crítico Nathan Rabin hace casi una década para referirse a aquellos personajes femeninos cuyo único rol en un largometraje es servir de recurso argumental para que el protagonista masculino pueda evolucionar. Con los años, su repetido uso y creciente popularidad han demostrado las propias limitaciones de la misma, siendo empleada a menudo para describir a toda clase de per- sonajes complejos de forma despectiva. Pero lo simple del término resulta secundario ante un hecho: la razón por la que fue creado inicialmente sigue muy presente en el séptimo arte a día de hoy.

Quiero comerme tu páncreas, debut de Shin’ichirô Ushijima como guionista y director, adapta la novela homónima de Yoru Sumino sin excesiva intención de explorar a la coprotagonista, recurriendo a su personaje como mero hilo conductor de un arco ajeno de llegada a la madurez, que palidece ante el propio que ella insinúa en contadas ocasiones. Esta elección temática, sumada a una animación bastante menos elaborada de lo que parece necesitar la sensibilidad detallista de la historia en cuestión y a una narrativa no lineal que funciona a trompicones, convierte la película en una sucesión de secuencias costumbristas, algunas más efectivas que otras, que nunca terminan de contar con una unión del todo cohesiva ni de alcanzar con éxito la catarsis emocional que ansían

La sencillez con la que cuenta termina jugando en su contra.