Por - 26 de enero de 2015

No se debe creer en las casualidades, menos en una industria como la de Hollywood y cuando el que pone el dinero es un tipo como Michael Bay. Desde su título, Project Almanac ya nos da pistas de lo que vamos a ver: un Project X (Nima Nourizadeh, 2012) temporal. En el fondo, esta última no era sino la versión comedia universitaria de Chronicle, la madre del género en el que las cámaras móviles y el exhibicionismo de la juventud actual son las verdaderas protagonistas. Chronicle es la ópera magna que por vez primera fijaba esa estética YouTube en la que nada se crea ni nada se transforma: simplemente se graba. Ocurre que ni el director, primo de Jonathan Liebesman (Ira de titanes, Ninja Turtles), ni los guionistas  tienen la habilidad de sus predecesores, y el artificio narrativo queda en píxel muerto e injustificado. Otra cosa bien diferente es la historia en sí, mitad máquina del tiempo y mitad El experimento Filadelfia (Stewart Raffill, 1984). La mezcla de acción y moralina sobre la responsabilidad de nuestros actos en el futuro es resultona, y el filme acierta en el retrato de la adolescencia actual y de cuáles serían sus deseos en el supuesto de estar capacitados para los garbeos espacio temporales, seguramente porque anda detrás, además de Bay, la muy sabia MTV: los cinco se van de compras, de ligoteo y de festival (sobre todo de festival), con cameos de Imagine Dragons y Atlas Genius incluidos.

No se debe creer en las casualidades, menos en una industria como la de Hollywood y cuando el que pone el dinero es un tipo como Michael Bay. Desde su título, Project Almanac ya nos da pistas de lo que vamos a ver: un Project X (Nima Nourizadeh, 2012) temporal. En el fondo, esta última no era sino la versión comedia universitaria de Chronicle, la madre del género en el que las cámaras móviles y el exhibicionismo de la juventud actual son las verdaderas protagonistas.

Chronicle es la ópera magna que por vez primera fijaba esa estética YouTube en la que nada se crea ni nada se transforma: simplemente se graba. Ocurre que ni el director, primo de Jonathan Liebesman (Ira de titanes, Ninja Turtles), ni los guionistas  tienen la habilidad de sus predecesores, y el artificio narrativo queda en píxel muerto e injustificado. Otra cosa bien diferente es la historia en sí, mitad máquina del tiempo y mitad El experimento Filadelfia (Stewart Raffill, 1984). La mezcla de acción y moralina sobre la responsabilidad de nuestros actos en el futuro es resultona, y el filme acierta en el retrato de la adolescencia actual y de cuáles serían sus deseos en el supuesto de estar capacitados para los garbeos espacio temporales, seguramente porque anda detrás, además de Bay, la muy sabia MTV: los cinco se van de compras, de ligoteo y de festival (sobre todo de festival), con cameos de Imagine Dragons y Atlas Genius incluidos.

No sorprende pero divertirá a los adictos a YouTube.