Por - 07 de diciembre de 2015

Del mismo modo que existe, de manera indiscutible, un cine para abuelitas, puede que estemos asistiendo al nacimiento de una cinematografía para padres modernitos, eso que hoy, utilizando, por cierto, una terminología de hace 70 años, llaman “hipsters”, con mucha expulsión de salivazos incluida.

Si los padres barbudos con carrito y sus señoras esposas ya han colonizado los festivales de música, las ferias alimenticias y las plazas en general, sería lógico y deseable que ahora lo hicieran con las salas de cine. De ser así, Papá o mamá sería una magnífica y sorprendente piedra inaugural. Que con esta macarrada, la patria de las pasiones fílmicas más melifluas, la de los Rohmer y los Truffaut, haya hecho saltar por los aires esa tradición, casi tan extendida en Francia como la de la baguette, debería, además, puntuar doble.

El punto de partida es salvaje: un matrimonio se divorcia e intenta, por todos los medios, NO quedarse con la custodia de los hijos haciéndoles todo tipo de perrerías. A partir de ahí, una orgía de gags políticamente incorrectos que convierten a su compatriota, el pseudopornógrafo Gaspar Noé, y sus provocaciones, en un chiste de Jaimito Borromeo. Si a eso le añadimos uno de los mejores planos secuencia del año (el de apertura), en el que el director Martin Bourboulon demuestra su dilatada experiencia como pirotécnico publicitario, tenemos una de las mejores comedias de 2015, ni más ni menos.

Atentos, la mejor comedia del año es (oh là là!) francesa.