Nuestra hermana pequeña

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Por - 22 de marzo de 2016

Los dramas familiares de Mikio Naruse fueron definidos en una ocasión como ríos de superficie tranquila y turbulentas corrientes en las profundidades. La evolución del cine de Hirokazu Koreeda cada vez acerca más al autor de las intencionales After Life (1998) y Nadie sabe (2004) al mismo grácil estado de calma, donde no hay necesidad de narraciones complejas ni imágenes llamativas para introducirse en la realidad concreta de personajes con vivencias, dudas y pesares muy humanos.
Nuestra hermana pequeña es la adaptación de un manga de Akimi Yoshida sobre la vida cotidiana de tres hermanas veinteañeras que, tras la muerte de su padre, deciden adoptar a la hija adolescente que este tuvo en un matrimonio posterior. La casa de campo donde viven las chicas, en la costera Kamakura, se convierte en una hermandad femenina de personalidades más complementarias que contrapuestas; aunque demasiado esquemáticas en origen, son interpretadas por un reparto perfecto que habita espacios y diálogos con tanta naturalidad como ingiere los platos de comida que presiden sus ratos en común. Porque, en este drama de conflictos extinguidos en el acto, cámara mecida por la brisa e iluminación sin sombras, donde el recuerdo, el perdón, el paso del tiempo y la evolución de expectativas apuntalan el relato, son primordiales los alimentos y su consumo dándonos compañía. La mejor rebanada de la vida.

Recuento de vida apacible; el drama es verlo con el estómago vacío.