Por - 04 de febrero de 2016

Aunque la desigualdad institucionalizada de la mujer ocupa un lugar central en algunas de las mejores películas de los grandes maestros del cine iraní –de la contundencia de Jafar Panahi en El círculo a la audacia de Abbas Kiarostami en Shirin–, nunca es lo mismo ver cómo tratan el asunto sus víctimas directas. En este caso, las mujeres cineastas. Un colectivo nada trivial que, en la estela histórica de Forugh Farrojzad, colabora con el cambio aportando matizaciones importantes a la representación de la mujer. Mientras directoras como Maryam Keshavarz (Circumstance) o Ana Lily Amirpour (Una chica vuelve a casa…) realizan sus filmes en el extranjero, la debutante de su misma generación Ida Panahandeh ha hecho Nahid conforme a las reglas de la autoridad iraní, pero buscando que la realidad hable por sí misma.
El drama naturalista como herramienta de agitación política cobra fuerza al presentar la vida cotidiana de una mujer separada que no para de encontrar impedimentos para rehacer su vida en una invernal localidad costera, conservar la custodia de su hijo e iniciar una nueva relación de pareja. Nahid, encarnada con infatigable inquietud por Sareh Bayat –la Marion Cotillard iraní, ya memorable en Nader y Simin, una separación–, no necesita altavoz para proclamas si la discriminación se filtra en el relato. Los mechones de pelo que se escapan de un velo colocado con las prisas de la vida, esa lucha diaria, dicen mucho más.

Las batallas cotidianas de una mujer en Irán, por una mujer desde Irán.