Por - 04 de marzo de 2019

Se decía al principio de Sin perdón que a la madre de la muchacha que se casó con William Munny se le rompió el corazón: su hija se iba con un ladrón, asesino conocido, de carácter vicioso e inmoderado. Así se presentaba al protagonista del western que consagró a Clint Eastwood como un cineasta imprescindible, y algo hay de ese tipo de personaje –un veterano alejado del mundo y con una redención pendiente– en los mejores papeles que ha interpretado desde entonces, como ocurre en su regreso a la actuación desde la acogedora Golpe de efecto.

Basada en la historia real de un nonagenario que sirvió de correo al cártel de la droga de Sinaloa, Mula no solo es una comedia de inocencia amable colindante con lo naif en la era de Breaking Bad y Narcos, o una candorosa road movie a través del paisaje norteamericano, sino que contiene varias capas de profundidad tras su apariencia inofensiva y formas resolutivas –se echa de menos a Tom Stern a la fotografía–. En fin, la narración fluida que el director siempre ha defendido con la práctica; la primera elipsis del filme, soberbia, demuestra que si no se dedica a hacer florituras más a menudo es sencillamente porque no le apetece o no es necesario.

Mula es mucho más que un cierre antiheroico a la curiosa tetralogía sobre la desmitificación del heroísmo que forma con El francotirador, Sully y 15:17 Tren a París. La primera que protagoniza él, es la asombrosa ocasión que Eastwood, a sus 88 años, ha escogido para hacer una reflexión autocrítica sobre los aspectos más sombríos de su biografía. El protagonista de Mula llega al final de su vida como un padre de familia terrible, absorbido por un trabajo donde triunfa todo lo que fracasa en casa. Apuntando a cotas de identificación intensas, aquí el director ha contado con su hija Alison Eastwood para el papel de descendiente decepcionada y, con Dianne Wiest como canalizadora, representa una reconciliación familiar con la cantidad justa de amargura y palabras.

En un cara a cara de cafetería con tanta tensión acumulada como el de Heat, el principal consejo de Eastwood a un Bradley Cooper que, como agente de la ley, le sigue la pista, es determinante: no cometas los mismos errores; hay muchas virtudes que repetir.

Clint Eastwood aprovecha las horas de carretera para reflexionar sobre su vida y sombras. Si te vienes, la droga la pone él.

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