Mirai, mi hermana pequeña

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Por - 11 de marzo de 2019

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La familia, y su vivencia a través de la infancia, es uno de los grandes temas rectores de la cinematografía japonesa. Todo parte de la irradiación del maestro Yasujiro Ozu, claro, que después ha tenido ramificaciones en la sensibilidad cotidiana de Hirokazu Koreeda y Hayao Miyazaki. Pero no hay que olvidar a Mamoru Hosoda, siempre con el foco puesto en la familia desde que fundó su pulcro estudio de animación, Studio Chizu. Tras abordar explícitamente la maternidad en Wolf Children (2012) y la paternidad en El niño y la bestia (2015), en Mirai, mi hermana pequeña el cineasta trata las relaciones fraternales tomando como inspiración a sus propios hijos y la rivalidad por la atención paterna que irremediablemente surgió entre hermano mayor y hermana pequeña cuando llegó la segunda. Justo eso le ocurre a Kun, protagonista de Mirai y rey destronado a los cuatro años.

Pero tranquilidad: esto no es Alas de mariposa; más bien, la película española que tuvo en mente Hosoda fue El espíritu de la colmena. Quería replicar la sensibilidad de Erice para plasmar el crecimiento personal que tiene lugar en la infancia, cuando la relación con el mundo que rodea al niño se complica, el ego recibe duros reveses y los afectos deben compartirse. Kun aprende esto según la vía dickensiana, recibiendo la visita espectral de varios miembros de su familia, como la futura versión adolescente de la hermanita recién nacida, pero también tatarabuelos y hasta el espíritu antropomorfo del perro familiar, primera víctima de la fluctuación de cariño cuando nació el propio Kun. Tanto trajín narrativo termina siendo demasiado, y se echa en falta más concreción, pero ya se sabe que las reuniones familiares son difíciles de controlar. Todo abuelo o padre ha sido niño alguna vez; Mirai refleja el tránsito de categorías en busca de la universalidad sin olvidarse de dejar un hueco para la fantasía en lo cotidiano. Ese es el toque Hosoda.

Dividir afectos, repartir cuidados y heredar nervio: la familia para Hosoda.