Por - 01 de abril de 2018

“Me gustaría ser siempre Maria, pero está la Callas, de la que debo estar a la altura”. El título lo deja claro y su protagonista lo confirma. Hasta aquí llegó la riada. Los primeros compases del debut de Tom Volf en el documental marcan la pauta para analizar el enfoque de esta pieza que utiliza exclusivamente las imágenes y la voz de Maria Callas para medir el espacio que había entre la persona y la leyenda, para iluminar esa misteriosa franja que todavía hoy acompaña al mito. No hay teorías apócrifas, no hay otros testimonios ni entrevistas a expertos, no hay conspiraciones, no hay culto al gossip: Maria by Callas tampoco es toda la verdad, por supuesto, pero sí un acercamiento con fundamento, basado en el poder evocador de las imágenes de archivo, inéditas y majestuosas muchas de ellas, y en el embrujo de una voz que se eleva como auténtica protagonista, en el plano íntimo y en el artístico. Volf, fotógrafo y artista multitarea que ha llevado su obsesión por el personaje a libros y exposiciones, enfrenta esas dos caras de una misma persona a través de su voz. Voz pública en entrevistas y grabaciones; y voz musical, que luce esplendorosa en el filme, con el espacio suficiente para respirar, cruzada con la palabra de una mujer que, ante todo, nos incita a la positiva nostalgia de añorar un tiempo en el que una cantante de ópera era un ídolo universal.

Efectivamente, Maria es todo aquello que la Callas contó de ella, pero también lo que dejan entrever esos grandes ojos expresivos y tristes, el relato de sus sacrificios personales, incluido el sufrimiento por haber perdido su vida privada, y el repaso de los altibajos de su carrera. Volf ha tenido un respeto proverbial por esta figura pero eso es algo que hace justicia estética y poética con la elegante imagen de una figura pública que no tuvo nunca el juicio justo que merecía y aquí al fin encuentra.

Maria Callas, mito y persona, a dos voces. Respetuoso documental con imágenes inéditas y elegante adecuación entre fondo y forma.