Por - 13 de enero de 2017

Dany Boon se ha convertido en la gran estrella de la comedia gala con papeles de tipos bonachones y entrañables, pero en Manual de un tacaño se atreve con un antihéroe que hace mucha gracia, aunque sea alguien a quien preferiríamos mantener bastante alejado de nuestro día a día. Casi a imitación del genial misántropo que Jack Nicholson interpretó en Mejor… imposible (James L. Brooks, 1997), François Gautier huye de la compañía de la gente porque cree que el contacto implica dispendio económico, y prefiere la soledad a comprar la alegría en un centro comercial. Un personaje algo despreciable, pero nada idiota, que, por otra parte, el guionista y director Fred Cavayé nos presenta a través de una retahíla de gags sobre tacaños que podría erigirse en antología chistosa del estereotipo. Ahora bien, ¿cómo redimir a este pobre diablo de su maldita condición de cicatero?

Cavayé tira por la vía fácil y hace entrar en la vida del protagonista a dos mujeres que, en el pico más dramático de la historia, le harán cuestionarse su mezquina austeridad. Por suerte, antes de que la cinta comience a virar hacia el consecuente tono dulzón, los tontuelos malentendidos ocupan buena parte de la función y la sucesión de situaciones incómodas y cómicas nos permiten disfrutar de un Boon especialmente cómodo e hilarante en este inusitado perfil de pesetero. Porque ser roñoso no debería estar reñido con la risa.

Dany Boon será un tacaño, pero la comedia francesa es toda suya.