Por - 19 de febrero de 2017

Esta es una historia sencilla, pero no es fácil contarla. Un hombre mujeriego y juerguista descubre un buen día que es padre de un bebé del que tiene que hacerse cargo tras la huida de la madre. Lo que comienza como una comedia con gags y clichés propios del género se convierte pasada la primera media hora en una profunda reflexión sobre la paternidad, a través de dos personajes creados para devolvernos la fe en el ser humano: ese papá que crea para su pequeña un mundo de fantasía (una casa con tobogán, emails mensuales haciéndose pasar por su madre, parques de atracciones en horario escolar…) y una hija que nos abruma con sus contagiosas ganas de vivir.

El talento de Omar Sy para la dramedia, de la que dio buena cuenta en Intocable, encuentra en la risueña Gloria Colston a la mejor aliada para enaltecer una historia de apariencia simple, pero que calibra con tanta precisión su tono tragicómico, que cuando menos lo esperamos dispara sin piedad contra nuestras emociones, para desbaratarlas antes de precipitarse hacia un final desgarrador. ¿Es un filme insólito? No, se trata del remake de la mexicana No se aceptan devoluciones. Sn embargo, más allá de la versión original, Hugo Gélin bebe de la grandeza de La vida es bella. Porque en esta historia, como en una fábula, hay dolor. Y, como una fábula, está llena de maravillas y de felicidad.

Omar Sy encumbra este mundo de fantasía propio de Roberto Benigni.