Los Andersson en la nieve

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Por - 26 de abril de 2016

Todo un fenómeno de la literatura infantil y juvenil en Suecia, también trasladado al cine, uno no sabe bien cómo aproximarse a las aventuras de Sune (el hijo mediano de los Andersson), tontorronas y kitsch hasta decir basta. Quizás el éxito de la saga de Anders Jacobsson y Sören Olsson consista precisamente en eso, en repetir la fórmula y los estereotipos de los personajes y las situaciones, como ese Pontus que se multiplica en todos los menesteres y cargos de la estación de esquí. Aprovechando la generosidad de sus vecinos los Blixt (o eso creen ellos), esta vez los Andersson viajan a la nieve: en realidad se trata de una estratagema de Sune para perseguir a Sophie en su retiro vacacional, después de que esta se haya tomado a mal su declaración de “solo amistad”.

William Ringström es el perfecto Sune, y Morgan Alling y Anja Lundkvist los sufridos papá y mamá. La película va de travesuras, de recuperar el amor (entre niños) y de hacer reír, lo que en ocasiones se logra (convertir una partida de parchís en un duelo entre madres con cambio de formato es bastante ocurrente), y en otras muchas no. La elipsis y el montaje abrupto no casan bien con el slapstick gestual (queremos ver los trompazos también) y los juegos de palabras son más bien poco inteligentes. Aún así, Los Andersson en la nieve se puede disfrutar desde ese exótico punto de vista que caracteriza como cretinos a nuestros progenitores y como concursantes de un Festival de Eurovisión a los más pequeños. Con medio punto de humor absurdo y otro medio de inocuidad nórdica.

 

 

Familiar, rubia, de ojos azules, y de humor más bien torparrón.