Por - 19 de febrero de 2017

“Queremos estar bien”, suplica Donatella (Micaella Ramazzotti) junto a Beatrice (Valeria Bruni Tedeschi). Se dirige a la sociedad, esa misma que ha preferido recluirlas en un centro psiquiátrico, en vez de tener que ‘lidiar’ con ellas. Que no nos engañen los hipnóticos paisajes de la cálida campiña, los acordes de Senza fine de Gino Paoli o esa huida en descapotable rojo y con pañuelo al viento. Locas de alegría no es una de esas road movies sin más pretensiones que la de entretener al espectador.

Como ya hiciera en El capital humano, Paolo Virzì hilvana esta vez un conmovedor e hilarante estudio sociológico sobre instituciones mentales, clases sociales y enredos familiares. Y lo hace como mejor sabe, a través de la comedia (dramática) a la italiana, vitalista y humana, heredada de Mario Monicelli o Ettore Scola.

Bruni Tedeschi, maravillosa en el papel de aristócrata excéntrica con incontinencia verbal, encuentra en una sublime Ramazzotti (nunca un mechón de pelo ocultó tantos secretos) a la mejor copiloto. Estas dos supervivientes conducen imprudentes por la carretera de la vida, enfrentando vicisitudes pasadas y presentes, entre centros comerciales, restaurantes y playas. Y nosotros no nos queremos apear. ¿Destino? Esa utopía llamada felicità.

Virzì, heredero de Monicelli o Scola, hace de la comedia a la italiana el mejor instrumento sociológico.