Por - 13 de mayo de 2019

Muchos años después de consagrarse con Kolya, Jan Sverák vuelve a apostar por la fabulación infantil en esta dramedia sobre niños que perdieron la guerra (la gran guerra) aunque el marcador señalase empate. Hay que reconocer la valentía del cineasta al plantar la cámara en los márgenes satinados del conflicto, un locus amoenus solo interrumpido por travesuras de ganchillo, tejemanejes y leyendas familiares, madres amantísimas y demás fauna de corral. La propuesta es entrañable, sencilla y no faltan influencias dispares a filmes más o menos iniciáticos como Léolo, Jour de fête, Milagro en Milán y hasta P.Tinto (el padre se da un aire a Luis Ciges), aunque uno está deseando pinchar su carne para ver si brota sangre o únicamente suero de leche en polvo sin demasiados nutrientes.

Interesante hallazgo antibelicista, aunque con numerosas trincheras de cristal.