Por - 02 de abril de 2019

La ingeniería alemana bien podría haber desarrollado alguna pieza de mobiliario, mitad confesionario, mitad diván, donde poner en barbecho los traumas y pecados de su historia. Está claro que su cinematografía sería uno de los principales inversores y consumidores de dicho artilugio, tal y como vuelve a demostrar este drama, o dramón, con el que Florian Henckel von Donnersmarck (ese Dirk Nowitzki del celuloide, tanto por su venerable estatura como por su espesa movilidad lateral) regresa a primera línea del negocio tras la lamentable The Tourist.

Tirando de cliché, a La sombra del pasado, se le podría aplicar aquello de “quien mucho abarca, poco aprieta”, ya que su afán de transversalidad casi épica amenaza con dañar los cimientos de una estructura que arranca, cómo no, con el nazismo más escalofriante y desemboca en las primeras grietas del Muro de Berlín. Entre medias, el artífice de La vida de los otros tiene tiempo de sobra para urdir un romance bigger than life, destapar algunos horrores de la medicina megalómana y reflexionar sobre el postureo no menos pavoroso del arte de vanguardia. Sin embargo, el director se las apaña para mantener a flote el transatlántico gracias a algunas escenas a flor de piel y corazón, y la calculada caricaturización de sus villanos. La vulnerable memoria, y sus lagunas y pasotes, en fin.

Epopeya histórico-artístico-sentimental tan desbordada como fascinante.