Por - 25 de noviembre de 2014

Si en nombre de la religión se han cometido las mayores atrocidades, habría que ver cuántas de ellas no empezaron con un “qué apostamos”. Y no es culpa (exclusivamente) de Ana Obregón y Ramón García. Con la insana intención de ver hasta dónde están sus protagonistas dispuestos a llegar por dinero, parte de un encuentro fortuito entre dos viejos amigos a los que una pareja de extraños empieza invitando a chupitos para acto seguido proponerles pequeñas pruebas. Contar más es arruinar la gracia de una película que nos ahorra moralejas baratas y se centra en lo que importa: mostrar una barbaridad detrás de otra. Ideal para disfrutarla con colegas en una sesión golfa de Sitges –pasó por allí en 2013–, es una gamberrada divertidísima.

Si en nombre de la religión se han cometido las mayores atrocidades, habría que ver cuántas de ellas no empezaron con un “qué apostamos”. Y no es culpa (exclusivamente) de Ana Obregón y Ramón García. Con la insana intención de ver hasta dónde están sus protagonistas dispuestos a llegar por dinero, parte de un encuentro fortuito entre dos viejos amigos a los que una pareja de extraños empieza invitando a chupitos para acto seguido proponerles pequeñas pruebas. Contar más es arruinar la gracia de una película que nos ahorra moralejas baratas y se centra en lo que importa: mostrar una barbaridad detrás de otra. Ideal para disfrutarla con colegas en una sesión golfa de Sitges –pasó por allí en 2013–, es una gamberrada divertidísima.

Una sangrienta apuesta con tintes jackassianos.