Hedi, un viento de libertad

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Por - 13 de enero de 2017

El ser humano suele rechazar los afectos y el celo de quien más le recuerda a sí mismo. Es lo que le pasaba con su madre ficticia a la Amy Adams de Animales nocturnos y es lo que, en realidad, atormenta al protagonista absoluto de este filme, cuyo nombre en árabe viene a significar algo así como “el que toma el camino recto”. Hedi (Majd Mastoura, Oso de Plata al mejor actor en el Festival de Berlín) es un apuesto joven de Kairuán, una capital de provincia, que vive con su madre y que trabaja como comercial de Peugeot: todo le ha venido dado, hasta su bella y futura esposa, pero, cuando su jefe le envía a realizar una prospección de ventas a la ciudad costera de Mahdia, a escasos días de su boda, Hedi provocará que su mundo se tambalee, al enamorarse de Rim, una mujer libre y viajera que trabaja como bailarina en el hotel (con todas las connotaciones que tiene esta profesión en las culturas musulmanas).

El conflicto está servido, y la resolución, con todas las pistas que hemos ido disgregando, casi que también: ambientada en la Túnez posterior a la Primavera Árabe, Hedi convierte al individuo en la metáfora de un país, en la metáfora de un mundo, si me apuras, que se debate entre tradición y modernidad y que se estrangula en la lucha de clases. Hedi es también la ópera prima del tunecino Mohamed Ben Attia, y está realizada bajo el amparo productivo y autoral de los hermanos Dardenne.

La primavera tunecina de un 'mama’s boy'.