Por - 04 de noviembre de 2017

Si has sido aficionado a los cómics de superhéroes, es probable que la mera mención de Scott Lobdell te haga sacar las garras de adamántium. Durante los 90, y en comandita con el dibujante Rob Liefeld, este guionista asoló la franquicia X-Men con tebeos caracterizados por un sensacionalismo y una desfachatez que, si bien se desmoronan ante un lector atento, conquistaron a innumerables quinceañeros de la época. Dado que Feliz día de tu muerte está escrita por Lobdell, que su género es el terror teen y que se ha ganado en masa al público juvenil de EE UU, uno puede temerse que comparta esa escasez de creatividad y esa apelación seborréica a los bajos instintos. La sorpresa llega cuando uno constata que la película comete todos esos pecados, pero que su resultado tiene gracia.

Al igual que en sus días mutantes, Scott Lobdell luce aquí una jeta de cemento armado, especialmente en lo que se refiere a saquear ideas. La odisea de Jessica Rothe, universitaria pija condenada a morir en bucle, comparte rasgos de Atrapado en el tiempo (la repetición infinita como perfeccionamiento espiritual), Muerto al llegar (la víctima que investiga su propio asesinato), la saga Scream y, a veces, la serie Scream Queens, con esa sátira de la misoginia implícita en el slasher y sus quinceañeras acuchilladas. Lástima que Feliz día de tu muerte desaproveche todas y cada una de esas premisas, explorando sus implicaciones mucho menos de lo que debería y combinándolas entre sí con un método que no es imaginativo, sino arbitrario y propenso a las trampas.

Pero, por otra parte, la cinta no se corta nada al reconocer sus deudas, disfruta saludablemente con la carnicería (cualquier arma es válida para cargarse a la prota, desde el tradicional cuchillo hasta un cupcake con velita) y, además, se beneficia de ese arma secreta de la serie B que son los buenos actores secundarios. Actrices, en este caso: queremos ya mismo un spin-off con el personaje de Rachel Matthews. La suma de estas virtudes y estos defectos es una disfrutable chorrada, de esas que le dan buen sabor a las palomitas correosas y ambientan de maravilla una velada de vídeo y cogorza entre amigos. Ahora, a esperar a que el productor Jason Blum (Paranormal Activity, Déjame salir…) se saque de la manga una franquicia.

Un 'déja vu' sangriento, nada original pero muy divertido