Por - 27 de junio de 2016

El aprendizaje lo es todo. En una época en la que tendemos a aupar ciertas óperas primas hasta los cielos de la expresión artística y después observamos cómo sus directores se descalabran al caer desde la altura de tanta hipérbole, es fácil olvidar que los grandes cineastas no comenzaron sus carreras sabiéndolo todo. Hubo un crecimiento. De ahí que sea tan interesante ver cómo la lituana Alanté Kavaïté ha virado desde su debut en el terreno del thriller acústico (Écoute le temps, 2006) hasta un relato mucho más íntimo y personal en El verano de Sangaile, una película de iniciación y construcción de la personalidad.

Sangaile es una adolescente tímida y de familia acomodada que vive fascinada con el mundo de las acrobacias aéreas, pero tiene pánico a volar. Será a partir de su encuentro con Auste, una dulce y avispada camarera del aeródromo, que Sangaile comience a construir cierta seguridad en sí misma. De su mano descubrirá, en un mismo pack veraniego, los placeres sensuales de la naturaleza, la liberación de la expresión artística y la intensidad del sexo. Sirviéndose exclusivamente de planos fijos, la música de Jean-Benoît Dunckel (de Air) y la temblorosa espontaneidad de las actrices Julija Steponaityte y Aiste Dirziute en secuencias cada vez más vaporososas y sensoriales, Kavaïté transmite las dudas propias del amor y una etapa vital sin forzar el drama. Buena acrobacia.

Las vacaciones de verano que habría agradecido 'La vida de Adèle'.