Por - 15 de junio de 2018

En uno de los momentos más célebres de El tercer hombre, Harry Lime compara la historia de Italia con la de Suiza: “En Italia, en 30 años de dominación de los Borgia, hubo guerras matanzas, asesinatos… Pero también Miguel Ángel, Leonardo y el Renacimiento. En Suiza, por el contrario, tuvieron 500 años de amor, democracia y paz. ¿Y cuál fue el resultado? ¡El reloj de cuco!”. La evidente pereza suiza para el cambio se traduciría hace décadas en uno de los hechos más bochornosos de la historia reciente europea: las mujeres no obtuvieron el derecho al voto en el país hasta 1971. De esta terrible mancha en nuestro expediente trata El orden divino, drama histórico cargado de humor y feminismo.

Petra Volpe, su directora, desarrolla unos personajes bien definidos y coherentes con el sentimiento de la sociedad de la época. Es precisamente este cuidado por el detalle el punto fuerte de la película, un gran trabajo visual y narrativo, una historia dulce y enriquecedora que convive con una radiografía exhaustiva de la estética de aquel momento. Por desgracia, la cinta no se libra de la maldición del país al que describe e hipoteca su mensaje para ofrecer un final en el que todo parece solucionado. Una delicia para aquellos que busquen colgar un reloj de cuco en su pared, pero una lástima para los que ansíen un poco más de Renacimiento.

Divertida y ligera, una mirada feminista a un episodio desconocido de la historia de Europa.