El hijo del acordeonista

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Por - 08 de abril de 2019

De niño, David tenía una lista con las personas más importantes de su vida, encabezada por su amigo Joseba; ese mismo desconocido con el que se reencuentra ahora en California. Entre medias, páginas llenas de nostalgia. Volvemos a ese mundo rural idílicideado por Bernardo Atxaga en Obabakoak. El hijo del acordeonista, adaptación de la obra más personal del escritor, viaja entre pasado y presente para reflejar la ruptura con las raíces: las de un hijo con su padre; las de un joven con su hogar en tiempos de dictadura y terrorismo; las de un adulto con su niñez. El filme no termina de captar la añoranza por el pasado perdido que tan bien reflejaba el libro, pero consigue adentrarnos en la memoria de David y recordarnos que todos nacemos hijos de la inocencia para acabar siendo esclavos de nuestros recuerdos.

Regreso a Obaba (y al pasado utópico) con Atxaga.