Dios mío, ¿pero qué te hemos hecho?

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Por - 24 de octubre de 2014

Según piaba Louis CK en un monólogo, pocas cosas unen más a las parejas que compartir los más secretos racismos respectivos. Tirando de ese hilo pelado, podría concluirse que la nueva y exitosísima comedia de Philippe de Chauveron resulta ser uno de los vasos comunicantes con el espectador más efectivos de los últimos tiempos. Comedia y ejercicio de doble equilibrismo, ya que basa su potencial en tensar sin romper la cuerda floja de la bufonada “fina” (léase no escatológica ni grosera) y, sobre todo, en no pisar ningún delicado callo teniendo en cuenta su peliagudo planteamiento: un padre ultraconservador debe soportar cómo sus hijas se van enamorando de un chino, un judío, un árabe y, de remate, un negro africano.

Tolerancia y cintura políticamente correcta, en fin, alternando hallazgos visuales (el muñeco de nieve modelo alianza de civilizaciones) con gags de baja intensidad estilo Louis de Funès, situaciones clásicas (las broncas en la mesa) y recursos no menos tópicos como la horma de su zapato (con mucho betún, siguiendo con los chistes malos) que encuentra en su futuro consuegro el protagonista, al que da vida un Christian Clavier perfecta mezcla entre Dustin Hoffman y Martínez Soria. En suma, un bicarbonato cómplice y desengrasante con una idea de las relaciones sentimentales algo ingenua. ¿Pero no dijo Albert Camus que no hay amor sin un poco de inocencia?

'Adivina quién viene a cenar esta noche' en cuatricomía.