Por - 09 de mayo de 2016

Estragados por la comedia taquillera francesa, por un flanco, y abrumados por el thriller escandinavo por el otro, algo se mueve en los confines septentrionales del cine europeo en busca del bien más preciado del momento: la diferencia, una especificidad potente, esa idiosincrasia poco transitada desde la que asaltar con frescura el mainstream sin darse importancia. El éxito de la pintoresca y solvente Rams, unido a una atracción biempensante por todo lo nórdico (incluso el país desde el que se anunció la crisis económica global), preceden a Fúsi (título original del filme), este gigante bueno islandés, eterno adolescente que vive con su madre, trabaja en el aeropuerto de Reikiavik y juega a las miniaturas militares mientras fuera cae la nieve y la sociedad se precipita hacia no se sabe muy bien dónde.
Asiduo del Festival de Gijón, probeta cazatalentos en la que sedimentaron sus dos primeros filmes (Nói albinói y Voksne mennesker), el guionista y realizador Dagur Kári vuelve al intimismo con denominación de origen (el de Kitchen Stories y Elling, éxitos nórdicos de hace ya unos años, antes del boom “negro y criminal”) tras jugársela con Brian Cox y Paul Dano en la barra neoyorquina de Un buen corazón. Espléndidamente dibujado desde los detalles, de su amistad con la niña vecina (y qué bien soslayada está la problemática que suscita) a su pasión por la batalla de El Alamein, pasando por su aislamiento en el trabajo y su programa de radio favorito, el personaje que compone el grandullón Gunnar Jónsson lo tiene todo para ser recordado más allá del tópico del gordote bueno. Kári huye de blandenguerías, baja al barro que deja la nieve y toca el pus de las soledades de un mundo enfermo para situar a su personaje frente a sus problemas. Hace un frío de cojones en su película, pero su protagonista tiene la piel más dura y humana de Islandia. Cuando Fúsi señala la luna, los tontos miran al gordo. ¿Quién es el “normal” ahora, eh?

Dagur Kári encuentra un personaje más allá del frío y del tópico. Apuntad: Fúsi, ‘héroe’ de El Alamein.