Por - 02 de marzo de 2012

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Difícil sorprendernos con una película de ciencia-ficción en la que unos jóvenes adquieren poderes y no saben muy bien qué hacer con ellos. El guión de Max, el hijo de John Landis, lo consigue en casi todo el metraje. Visualmente la película es impactante y está impecablemente bien hecha. El truco: la cámara en mano al estilo Bruja de Blair, que todo lo graba, que no pierde detalle. Y una narración, una crónica de los hechos, que intuyes, derivará en catástrofe, pero que se va desgranando pausadamente. Las escenas de acción se dosifican, creando unas primera y última partes absolutamente geniales, pero con cuya parte central el debutante Josh Trank parece no saber muy bien qué hacer. Lo mejor de la película es que la historia de estos amigos tan diferentes entre ellos se hace tan creíble que sonríes cuando ves cómo asustan a los niños en la juguetería o te sale la vena vengativa cuando el más jodido de los tres (Dane DeHaan) devuelve el golpe a los que le hacen bullying en el instituto. El actor de penetrantes ojos azules, que ya bordara al dudoso paciente introvertido de En terapia, aquí crea un personaje cuya fragilidad y desconexión con el mundo lo hace tan vulnerable como peligroso. Lo peor se puede evitar: crearse las expectativas que promete el tráiler. Estos héroes novatos, claro está, usarán sus dones, siempre al límite del lado oscuro, que ya sabemos que no hay héroes sin villanos. Pero Chronicle no es Superman, aquí no hay kriptonita que valga, sólo la propia mesura de uno mismo. Sin duda, habrá que esperar una precuela, porque lo más original de la historia de Max Landis y Josh Trank es que desconocemos el origen de todo.

MARILÓ GARCÍA