¿A quién te llevarías a una isla desierta?

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Por - 12 de abril de 2019

Afirma Jota Linares, el director y guionista de esta producción Netflix, que nos hacemos mayores cuando somos conscientes de que nuestros padres se van a morir. Podría añadirse además, a tenor de lo que cuenta ¿A quién te llevarías a una isla desierta? que la inocencia, entendida como la confianza hacia los demás, la perdemos cuando alguien -generalmente la persona a la que más se quiere-, nos quiebra el corazón. La ilusión, si cabe, se recupera después, aprendiendo a vivir en soledad, generalmente.

Toda esta reflexión resulta oportuna a la hora de hablar de esta película generacional, que absorbe influencias tan diversas como los cortometrajes de Esteban Crespo o la teleserie Friends (si es que esta pudiera ambientarse en una casa de renta antigua del Madrid castizo), pero que a la vez resulta originalísima y personal. Y es que ¿A quién te llevarías a una isla desierta? es en realidad la culminación audiovisual de un proyecto dramático que empezó para el cineasta malagueño con el cortometraje homónimo del 2012, y que después derivó en una obra que triunfó en el circuito alternativo del teatro español. La irrupción de Netflix -solo veo ventajas para la narrativa, y para el talento autóctono, en ello-, con la incorporación de cuatro de los jóvenes actores del vivero de su plataforma: Pol Monen, María Pedraza, Jaime Lorente y Andrea Ros -quienes por cierto, son tratados con inclemencia naturalista por el director, tanto en lo estético, como en lo dramático-, ha terminado por conformar la que para mí es la película española más sorprendente desde que en el 2013 Sorogoyen levantara Stockholm. La película arranca en medio de una mañana canicular para cuatro amigos y compañeros de piso (que se van a separar), progresando en crescendo dramático hasta llegar a un clímax nocturno de fiesta, juegos y revelación de secretos. Y es la confirmación, después de la interesante y visceral Animales sin collar, de que nos encontramos ante un cineasta con discurso y futuro por delante.

Linares filma en cuatro paredes el desencanto y la insurrección de la generación millenial