Por qué ‘Verano 1993’ merece ganar el Oscar

La Academia de Cine ha escogido el debut de Carla Simón para optar a la nominación por España en los próximos premios Oscar y analizamos sus puntos a favor.

Por - 08 de septiembre de 2017

Hay veranos que transforman tu vida para siempre y el de 1993 parece haber trastocado la vida de la cineasta Carla Simón al menos un par de veces. Convertida en uno de los fenómenos cinematográficos españoles de 2017, su ópera prima Verano 1993 ha sido seleccionada por la Academia de Cine para optar a la nominación a Mejor película de habla no inglesa en la 90ª edición de los premios Oscar, por delante de obras más clásicas como 1898: Los últimos de Filipinas, de Salvador Calvo, y de comedias iconoclastas como Abracadabra, de Pablo Berger.

Se trata de un nuevo paso para una cinta que desde su presentación en la pasada Berlinale no ha parado de recibir parabienes y premios –el Generation Kplus en Berlín, la Biznaga de Oro en Málaga, a la Mejor dirección en el Bafici, el Premio especial del Jurado en Estambul, está seleccionada para los Premios EFA del Parlamento Europeo …–, además del cariño del público español. Desde el pasado 30 de junio, fecha de su estreno comercial en salas, y hasta el momento, más de 96.000 personas han pasado por los cines para emocionarse con Verano 1993. Y desde hoy la cinta de Carla Simón se podrá ver en más cines: en total 43 salas, 28 de ellas en VOSE (la cinta está filmada en catalán), y 15 en versión doblada al español, según datos de Avalon, su distribuidora.

¿Y qué cuenta el debut en el largometraje de Carla Simón? En Verano 1993 seguimos a Frida, una niña de seis años que debe hacer frente al primer verano de su vida como huérfana y en la casa de su nueva familia adoptiva. Una historia mínima pero repleta de conflictos, tensiones y emoción con la que la cineasta catalana intentará convencer a los académicos de Hollywood. Desgranamos a continuación por qué creemos que debería llevarse la dorada y ansiada estatuilla. O como mínimo pisar la alfombra roja del Dolby Theatre de Hollywood.

Porque está basada en una historia propia

Verano 1993 puede verse como una película-recuerdo sobre el estío en el que la cineasta perdió a su madre enferma de sida y se mudó a vivir con sus tíos al campo. Basada en las propias vivencias de la directora, Simón tuvo que realizar un arduo trabajo de depuración de recuerdos y experiencias para dar forma a un guion que no parece haber sido muy fácil de escribir.

Así lo recordaba la cineasta en una entrevista exclusiva con CINEMANÍA: “Escribir el guion fue una experiencia muy fuerte. Lo escribí en una semana, a partir de documentos que tengo, porque siempre escribo mucho. Soy consciente de que esto no me va a volver a pasar en la vida, escribir en tan poco tiempo un guion. Esos documentos que había escrito eran muy interesantes pero muy deslavazados. Ahí estaban ya la primera escena y la última. Así que fue más un trabajo de darle estructura, forma de película. Hice mucho laboratorio de guion para que me guiasen y me asesorasen, porque el problema de hacer algo tan personal es que, a veces, te obsesionas con mantener cosas que a ti te parecen cruciales pero que no lo son para la historia”.

 

Porque es una película que cuenta mucho con muy poco

Nada más complicado que conmover a la platea con una película de mimbres expresivos mínimos. Lo consigue Carla Simón en Verano 1993 al usar –con sorprendente buena mano para una cineasta novel– las elipsis, los fuera de campo y las ausencias. Por poner un ejemplo, la película está contada desde el punto de vista de Frida, y, como ella, no sabremos hasta bien entrada la película que los padres de Frida han muerto a causa del sida. Es algo que no se nombra y que no se entiende apenas, casi como una palabra tabú que estigmatiza a la niña y construye un muro entre ella y el mundo.

Ese delicado naturalismo del que hace gala la película de Simón –que recuerda al minimalismo pluscuamperfecto de otra cineasta talentosa, la francesa Mia Hansen-Løve–, se ha trabajado con profusión, como uno de esos libros que se reescriben continuamente hasta lograr la depuración máxima. Simón y su principal productora, Valérie Delpierre, asistieron a varios seminarios de guion con el fin de buscar asesoramiento e ir dando forma de manera serena al proyecto, pero, como explicaba la directora a CINEMANÍA, no todos los laboratorios suman nuevas ideas: “Al final también te das cuenta de que algunos análisis ya no te sirven”.

 

Porque está protagonizada por niñas (magníficas)

El trabajo de dirección es una posición paradójica, porque tanto importa dejar marca en el resultado final de una película como el saber desaparecer detrás de quienes ponen voz y cuerpo a los protagonistas que la pueblan. En el caso de Verano 1993, Carla Simón se desvanece para dirigir con un acierto mayúsculo a las pequeñas Laia Artigas y Paula Robles, Frida y Anna, que eclipsan todas y cada una de las intervenciones de los adultos, unos también magníficos Bruna Cusí y David Verdaguer.

Dirigir a niños y niñas tan pequeños es una tarea harto complicada, y la película de Simón consigue que nos creamos el complejísimo arco de transformación de la protagonista. Sus deliberadas ausencias, sus coqueteos con emociones tan difíciles como la crueldad y ese plano sostenido que pasa de la risa al llanto y con el que concluye la película son ejemplos con los que contradecir la máxima de Alfred Hitchcock que decía que “el problema de dirigir niños es que, en general, éstos no son capaces de transformarse interiormente. Sabrán fingir, porque eso lo hacen en sus juegos siendo el piel-roja, el pirata o la princesa, pero su transformación será superficial”.

 

Porque es una película que habla de la importancia de los cuidados

Verano 1993 es una película que habla de la importancia de los afectos, pero no sólo los que necesita una Frida desconsolada ante la de pérdida de sus padres, sino también de lo relevantes que son éstos a la hora de sacar adelante un proyecto de la modestia económica del debut de Simón. Según la RAE, la acepción de cuidado dice que se trata del “modo de actuar de la persona que pone interés y atención en lo que hace para que salga lo mejor posible”.  Y Verano 1993 es una historia cuidada al máximo en el que cada uno de los pasos ha sido medido, estudiado y trabajado con detalle.

Así lo contaba una de sus coproductoras, Valérie Delpierre, en relación a buscar financiación extranjera, por ejemplo: “No quería arriesgar la esencia del proyecto para conseguir algo más de financiación con coproducciones internacionales […] sólo porque era obvio que para la historia de Verano 1993 no queríamos un actor extranjero […] Pasas por muchos pitchs y muchos laboratorios y aunque de cada lugar te llevas algo –porque te hayan dicho sí o te hayan dicho no–, lo importante es no dejarte influir y saber filtrar las opiniones”.

 

Porque es una ópera prima (que conmueve a todo el mundo)

En los últimos 25 años, sólo dos óperas primas han logrado levantar el Oscar a la Mejor película de habla no inglesa. En 2015 lo logró El hijo de Saúl (2015), de László Nemes; y en 2006, La vida de los otros (2005), de Florian Henckel von Donnersmarck. No cabe recordar que la de Mejor película de habla no inglesa se ha transformado en los últimos años en una categoría reservada para homenajear a grandes directores que no son estadounidenses que, por un motivo u otro, no acaban nominados en los premios principales, sobre todo en las últimas ediciones, en que hemos visto ser galardonados a tótems como Michael Haneke o Pawel Pawlikowski, y ser reconocidos a valores como Paolo Sorrentino o Asghar Farhadi.

Así las cosas, y aunque no parece la tónica habitual, creemos que la Academia de Hollywood debería apostar por Verano 1993 por ser una ópera prima excepcional, capaz de llegar a un público internacional que ha hecho suya la historia de Frida, pues la película de Simon no sólo ha circulado por varios certámenes internacionales (logrando ser reconocida con los principales premios del jurado) sino que ya ha sido estrenada con notable acogida en países como Francia, y va a ser distribuida en más de 25 territorios. En EE UU se estrenará el próximo otoño de la mano de Oscilloscope Laboratories.

 

Porque es el sleeper español del año

Verano 1993 ha conquistado a crítica y público de manera unánime. Nuestra crítica de cine Andrea G. Bermejo decía en su crítica con motivo del estreno que el debut de Simón es “una recreación sutil, honesta como ese susurro del niño al comienzo de la película, tan real que parece un recuerdo”. La compañera Beatriz Martínez aseguraba en Fotogramas que “Verano 1993 es un auténtico prodigio de delicadeza expresiva recorrido por una sensibilidad tan luminosa como cruel que desarma y atrapa, encoje por dentro. Es una película maravillosa”; mientras que el crítico Jordi Costa afirmaba en El País que la cinta de Simón “no es un prometedor debut, sino una de las películas españolas más impresionantes en lo que va de año”.

Por otra parte, la película lleva ya once semanas consecutivas en las salas y demuestra que incluso hoy –en tiempos de likes y retuits–, el boca-oreja sigue siendo el método para recomendar más eficaz que existe. Por el momento, más de 96.000 personas ya han visto el filme de Simón y se confía en que sean muchas más a partir de hoy, con el incremento de salas que proyectarán Verano 1993.

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