Toda la historia (del cine) sobre raíles

La compañía Lobster Films ha puesto en marcha una iniciativa para restaurar 100 películas sobre trenes, desde ficciones clásicas a documentales inauditos.

Por - 15 de marzo de 2019

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  • Desde hace casi 125 años no son pocas las veces en que se ha comparado las escenas que vemos a través de la ventana del tren con las imágenes que circulan por la pantalla de la película, como tampoco las ocasiones en que el movimiento desde la comodidad de la butaca, del tren o del cine, ha transformado nuestra percepción del espacio y del tiempo. Cine y ferrocarril llevan todo este tiempo imbricados por esta y otras cuestiones filosóficas de profundo arraigue, pero también porque, de todos los medios de transporte que existen en el mundo, no hay ninguno que quede tan bien en cámara como el tren.

    Fragmento de Railroading in the East (1897-1906), de Thomas Edison

    “En los orígenes del cine, cualquier cosa que se moviera era objeto de interés de los camarógrafos porque el objetivo del cine era reproducir el movimiento, en tanto que curiosidad científica y técnica”, explica sobre la fascinación del cine con el mundo de los trenes Serge Bromberg, restaurador cinematográfico y director ejecutivo, amén de fundador, de la compañía Lobster Films.

    “Con el paso de los años”, continúa, “era obvio que el cine se convirtió en una industria necesitada de un público, que quería que le contasen historias de su día a día. Y el tren formaba parte de ese día a día. Esos tempranos espectadores también querían a su vez historias sobre lugares remotos del mundo que no iban a conocer nunca, porque para la mayoría de la gente era imposible viajar. Y el tren les ayudaba a ir al otro lado del mundo. El tren era un vehículo para soñar y al mismo tiempo un lugar para la tragedia: puedes enamorarte en un tren, caer de un tren, ser asesinado en un tren… Todo puede pasar en un tren”.

    Para demostrar que, en efecto, en un tren puede pasar de todo o en un tren podemos ver casi de todo, Bromberg, al frente de Lobster Films, ha puesto en marcha el proyecto Trains & Cinema, la primera digitalización de 100 películas sobre el mundo del ferrocarril, sean documentales, noticiarios, ficciones o películas corporativas del período que cubre 1895 hasta la década de 1960, y una iniciativa que además es un viaje traqueteando por el tiempo en busca de escenas que todavía hoy poseen un componente asombroso.

    “¿A quién no le gusta un tren?”, pregunta Bromberg en relación a ese componente fascinante de ver un tren en movimiento y en relación al titánico proyecto que acaban justo de arrancar. “Los trenes han estado ahí desde mediados del siglo XIX y el cine nació digamos que lo suficientemente pronto como para poder filmar sus primeros años de existencia”.

    Todo comenzó con un tren llegando a una estación filmado por los hermanos Lumière.

    A nadie se le escapa a estas alturas de la película que en materia de cine todo comenzó con un tren llegando a una estación, en concreto, la de La Ciotat en una escena filmada por los hermanos Lumière y exhibida por primera vez un 28 de diciembre de 1895 en el Salón Indien del Grand Café de París. Pero el proyecto Trains & Cinema de Lobster Films tiene su origen en el espíritu cinéfilo y coleccionista de Bromberg, cristalizado en 1985 bajo la forma de la Lobster Films, compañía dedicada a recuperar películas en celuloide guardadas u olvidadas en almacenes, y restaurarlas para que luego puedan ser vistas por la gente, sea en pantalla grande o en formato doméstico.

    Entre sus hitos, la restauración de una serie de filmes de Charles Chaplin realizados entre 1914 y 1917; la restauración, junto a Groupama Gan Foundation for Cinema y Technicolor Foundation for Cinema Heritage, de la versión a todo color de Viaje a la luna (1902), de George Méliès, o la restauración de 32 cortometrajes de Buster Keaton. Ahora, con el año 2020 en el horizonte, planean restaurar 100 filmes de trenes, en su mayoría trabajos poco o casi nada conocidos, con el apoyo de cinetecas de todo el mundo y una campaña de crowdfunding abierta tanto al pequeño mecenazgo como a amantes del ferrocarril de bolsillo generoso.

    “Hay mucho por descubrir sobre los trenes en el cine, y hay muchas películas sobre trenes. De esa fascinación nació este proyecto de reunir el máximo de películas sobre trenes y así comenzó la idea del crowdfunding”, apostilla. “Es un proyecto ambicioso, pero intentamos llegar con nuestro trabajo al mismo nivel de nuestros sueños”.

     

    JOYAS DEL ARCHIVO

    El listado de películas sobre trenes que se van restaurar todavía no es definitivo y, aunque hay algunos títulos inamovibles, hay filmes aún por decidir. “Muchos de nuestros mecenas nos han hecho llegar propuestas de títulos que quieren que restauremos, y cada día nos encontramos con algunos filmes que salen de la lista y otros nuevos que entran”, señala Bromberg. “Eso sí, todas las películas que vamos a restaurar son raras o inauditas, a excepción de algunos trabajos que tienen que aparecer sí o sí, como El maquinista de la general (1926) de Buster Keaton, La llegada del tren a La Ciotat o Asalto y robo a un tren (1903), de Edwin S. Porter y primer western de la historia del cine”.

    Entre las rarezas o cintas no tan conocidas, en películas de ficción Bromberg destaca Señal de alarma (1930), “una película de catástrofes y trenes, producción de estudio de 1930 que queremos restaurar y digitalizar a partir del negativo de cámara del filme, que jamás ha sido utilizado para hacer copias”, y Goluboy Ekspress (1929) de Ilya Trauberg, también conocida como Blue Express.

    “La lista final será muy consistente y muy diversa. Nuestro plan es que contenga unos 20 o 25 filmes de ficción, y el resto, documentales, filmes de la década de 1930, 40 y 50”, apunta el director de Lobster Films.

    De ese número de documentales, sobresale una pieza que muestra dos locomotoras chocando a toda velocidad. “Se trata de un documental de la colección de Lobster de filmes de 1910”, indica Bromberg. Y explica algo más sobre esta curiosidad: “En esos años, al parecer, los espectáculos públicos, previo pago, de choques de trenes eran bastante habituales con el fin de poder filmar ese show de la destrucción. De este modo, la gente podía ver ese espectáculo ‘en directo’ y se financiaba la organización. Cuesta imaginar que estas cosas hayan existido, pero el mundo en 1910 era un lugar bastante diferente al de hoy en día. No había televisión ni móviles… ¡Y por eso la importancia del cine! Porque el cine es una máquina del tiempo y nos ayuda a recuperar parte de nuestra historia y a recordar la de los trenes a través de las imágenes”.