[SEMINCI 2016] Día 6: Chile y Brasil, ejes de la renovación del cine en Latinoamérica

Muylaert desconcierta y Paolo Virzi enamora.

Por - 28 de octubre de 2016

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  • Un inesperado cambio en la programación (la copia de la película israelí no llegó a tiempo, algo que también ocurre en este mundo físico de flujo digital) provocó que se adelantara la proyección de la gozosa película de Paolo Virzì Locas de alegría, que ayer acompañó a Madre solo hay una en la Sección Oficial. También se celebró el Día de Chile, protagonista de una de las más potentes retrospectivas del Festival, con la celebración de una mesa redonda que reunió a cineastas clave del país austral como Matías Bize, Miguel Ángel Vidaurre, Jorge Yacoman, Che Sandoval o Macarena Aguilló. La Seminci entra en su recta final, y ya podemos decir que el nivel de las películas exhibidas está siendo notable, de sumo interés para el que esto afirma.

     

    Lo que hemos visto

    Madre solo hay una representa una ruptura respecto al cine anterior de Anna Muylaert. Y no solo por haber estado rodada en cámara en mano, sino por el tono desenfadado y pansexual a la hora de abordar el tema de los niños robados. Pero es que de lo que en realidad habla es de una transformación: la que se produce en la identidad -no solo sexual- del adolescente Pierre/ Felipe cuando le “secuestran” por segunda vez y se ve obligado a recomponer sus lazos afectivos. En este sentido, la película se cierra con un plano muy elocuente. Madre solo hay una desconcertó al público y dividió a la crítica, pero es un filme valiente que enriquece la filmografía de una de las directoras y guionistas cariocas más estimulantes de la actualidad.

    Aunque por el tema de la película pudiera parecer lo contrario, el público disfrutó y se sintió más cómodo con Locas de alegría (La pazza gioia), del italiano Paolo Virzì, otro director con reputación La prima cosa bella, El capital humano– que debuta en el Festival. Ambientada en un centro de rehabilitación para pacientes con transtornos psicológicos severos, la película cuenta la amistad, el love bombing, como lo califica uno de los terapeutas, que se establece entre dos de las internas, interpretadas por Micaela Ramazzotti y Valeria Bruni- Tedeschi, todo un volcán interpretativo que borda su papel y además marca el ritmo incontrolable de una comedia con transfondo trágico que suena con fuerza para Premio del Público, pero que podría optar perfectamente a cualquiera de los demás galardones.

     

    El cine chileno en la democracia del Siglo XXI 

    Según Pablo Marín, programador del ciclo y autor del libro homónimo que edita el Festival de Valladolid, la generosa muestra -20 títulos, entre ficción y documental- de cine chileno que programa retrospectivamente Seminci está atravesada por la noción de diversidad, y engloba la obra de tres generaciones distintas de cineastas: la de aquellos que permanecieron en Chile durante la dictadura; la de quienes, como Patricio Guzmán, se vieron abocados al exilio, y la que procede de una nueva generación de directores, educados en la libertad y expuestos a los desafíos y a los peligros de la globalización, y que ha funcionado como dinamo del lenguaje cinematográfico en el país austral. Por eso, más que hablar de películas chilenas, se debería hablar de cines chilenos, más a partir del Festival de Cine de Valdivia de 2005, en el que se produce una eclosión de nuevos directores categorizados en la corriente del reconocido como “novísimo cine chileno”, o incluso antes, con la irrupción de Matías Bize y su Sábado en el panorama internacional. Lo cierto es que en la industria cinematográfica del país andino se ha ido afianzando una clase media de directores, algunos con filmografías relativamente extensas, que han podido cofinanciar sus nuevos proyectos con países del continente, como Brasil y Argentina, o con países europeos como España y Francia. Incluso hay cineastas que han empezado a explorar el mercado norteamericano, como Sebastián Silva o Pablo Larraín, quien en su última película, Jackie, explora la biografía de la viuda de JFK con un reparto compuesto por Natalie Portman, Peter Sarsgaard, John Hurt o Greta Gerwig.

    El ciclo “El cine chileno en democracia (2000-2015)” merecería una cobertura exclusiva durante estos días (esperemos que, pese a la ausencia de Chema Prado, la Filmoteca Española lo recupere), pero por la agenda oficial que me estoy imponiendo, me resulta imposible asistir a todo. Puedo recomendar eso sí, algunos de sus imprescindibles títulos, como Machuca, Y las vacas vuelan, En la cama (Espiga de Oro en el 2005), Secretos, La nana, No, La noche de enfrente (prácticamente la obra póstuma del inconmensurable Raúl Ruiz), y, dentro del cine de no ficción, Salvador Allende, La once o Crónica de un comité. Pescadlas como podáis, pero disfrutadlas.

     

    Espigadera: Valeria Bruni-Tedeschi se transforma en una loca encantadora, descomunal, en Locas de alegría. En el apartado de Mejor Director, tanto Paolo Virzì como Anna Muylaert  podrían ver reconocida su labor.

     

    ¿Qué esperamos de la jornada de hoy?

    Réparer les vivants, de Katell Quillévéré y Sufat Chol, la película israelí que estaba programada ayer. También os hablaremos del humor familiar de Maravillosa familia de Tokio y del último cortometraje de Daniel Sánchez Arévalo, que se presenta en Sección Oficial

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