¿Qué universo compartido colapsará Hollywood?

Secuelas y sagas no bastan. Ahora las grandes apuestas de Hollywood deben implicar una rica arquitectura de universo compartido donde todo el mundo se conoce. ¿Hasta cuándo?

Por - 07 de octubre de 2014

Todo empezó con un pequeño guiño (bajo parche) al final de los créditos de Iron Man (2008): Nick Furia visitaba a Tony Stark para hablar de la iniciativa Vengadores. Cuatro años después, Los Vengadores (2012) reventaba la taquilla mundial recaudando más de 1.518 millones de dólares y el plan superheroico de Marvel Studios se instauraba como el modelo a seguir por todo el resto de competidores: si plantas en el público las semillas de popularidad de unos personajes durante unas películas individuales y luego los juntas en una gran aventura coral, los camiones cargados de billetes llaman a tu puerta. Durante un tiempo, parecía que las dos mayores plagas contra la creatividad de Hollywood podían ser la secuelitis (rentabilizar el éxito inmediato) y el síndrome del remake (rentabilizar el éxito pasado). Con la iniciativa Vengadores comenzó a extenderse otra epidemia más virulenta: la fiebre por los universos compartidos (rentabilizar exponencialmente cualquier pequeño atisbo de éxito, real o no).

Hoy en día, todas las major quieren tener su propio universo de personajes à la Marvel para crear lazos, interrelaciones y crossovers con los que dar la impresión de gran acontecimiento a sus superproducciones. De repente, El hombre de acero ya no podía tener una sencilla secuela, sino que debía juntarse con Batman  —y un puñado más de personajes DC menos importantes o sin cromosoma Y como para salir en el título— para convertir Batman v Superman: Dawn of Justice en una autopista directa hasta la película de La Liga de la Justicia, intentando pasar por los mínimos peajes posibles. Ahí ya es posible detectar un primer problema: las prisas por querer tener una reunión grupal de la misma envergadura de Los Vengadores llevan a acelerar el proceso saltándose etapas y como mínimo corriendo el riesgo de descarrilar. Que se lo pregunten a The Amazing Spider-Man 2: El poder de Electro y su ansiedad por abrir puertas a futuras iteraciones de la franquicia dejando completamente descuidado el contenido de la película en sí.

Aunque haya sido su caldo de cultivo, la obsesión por el cruce de personajes no se limita al cine de superhéroes —o supervillanos si, como Sony, sólo tienes los derechos de un superhéroe—. Los ambiciosos planes de Disney y Lucasfilm para la resurrección de Star Wars nacieron después de tomar muy buena nota de lo que había hecho la Casa de las Ideas. Con el Episodio VII comenzará una serie de estrenos de goteo anual con los que se prolongará la saga galáctica mientras se expande su recorrido mediante spin-offs independientes pero anclados a la misma órbita. Ése es otro de los problemas de esta epidemia: la necesidad que se inculca a las obras independientes de pagar tributo al gran esquema general. Una película tan distinta del resto de la producción Marvel hasta ahora como Guardianes de la galaxia no está exenta de quedar vinculada a una línea narrativa mayor con Thanos como macguffin. Precisamente, la gran “discrepancia creativa” de Edgar Wright con el estudio fue que su versión de Ant-Man no iba a contener puntos de anclaje con el llamado universo cinematográfico de Marvel. Así, los vuelos libres se limitan: Fox ya ha dado a entender que la futura película de Deadpool compartirá universo con el resto de la producción X-Men, a pesar de que al proyecto de Tim Miller lo único que puede venirle bien es cuanta más libertad mejor.

Pero sigamos con la epidemia, que con el reciente anuncio de que Sony planea una saga de Robin Hood y sus alegres compañeros con universo compartido ha llegado al máximo grado de locura. Se han disparado alarmas que ni siquiera la resurrección de los monstruos clásicos de Universal planeada por Alex Kurtzman Chris Morgan —que ya ha supuesto la grabación de escenas adicionales en la inminente Drácula, la leyenda jamás contada para adecuarla al nuevo canon— o la saga basada en las leyendas artúricas de Guy Ritchie habían logrado activar. En comparación, el spin-off de Harry Potter que prepara J.K. Rowling basado en Animales fantásticos y dónde encontrarlos ya ni siquiera suena tan descabellado. Pero la elección de David Yates de nuevo como director da una idea del camino continuista que se quiere elegir: una visión homogénea sin estridencias respecto a los anteriores “capítulos”.

Al final, lo que está haciendo Hollywood es amoldar su propio sistema de producción al auge de la ficción televisiva durante la última década y lo mucho que le gusta a los espectadores reencontrarse periódicamente con sus personajes favoritos embarcados en nuevas peripecias. La arquitectura de estas sagas remite a la figura demiúrgica de un showrunner encargado del tono y progresión narrativa, con un desfile de directores a los mandos de sus respectivas entregas sin salirse del camino marcado. Se permiten concesiones con algún que otro James Gunn de vez en cuando, pero nunca hasta el punto de desentonar en un conjunto. ¿Cuánto tiempo puede aguantar la industria del blockbuster hollywoodiense con este modelo? ¿Realmente todas las propiedades son susceptibles de ser serializadas y expandidas en universos compartidos? Probablemente, la burbuja terminará pinchándose tarde o temprano. ¿A cuál de estos nuevos mundos le tocará colapsar sobre sí mismo? ¿Nos dará tiempo a ver una película en la que coincidan todos los personajes del universo compartido de Woody Allen?

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