¿Por qué al público ya no le gusta el mejor guionista del mundo?

Los guiones de Aaron Sorkin no suelen hacer taquilla, pero el fracaso de 'Steve Jobs' ya es preocupante... Hay que pararse a pensar que ha pasado entre el guionista y su público.

Por - 09 de enero de 2016

El 1 de enero se estrenó en nuestros cines Steve Jobs, el último guión de Aaron Sorkin. La película está dirigida por Dany Boyle, el cineasta de Trainspotting o Slumdog Millionaire, y protagonizada por Michael Fassbender, el Magneto de X-Men: Primera generación o el adicto al sexo de Shame. Pero en el biopic de Steve Jobs la estrella no es ni el director, ni el protagonista, ni siquiera importa demasiado que el asunto trate del fundador de Apple. Esta vez la estrella es el guionista. Sin embargo, Steve Jobs no la ha visto (casi) nadie, ni aquí en España ni en ningún lugar del mundo.

¿Qué es lo que ha ocurrido entre el público y el que es reconocido por muchos como el mejor guionista del mundo? El hombre que encandiló a la taquilla con Algunos hombres buenos, una película que ya es un clásico, o que logró reunir a millones de espectadores en su salón durante las primeras temporadas de una de las series de más éxito de la televisión, El ala oeste de la Casa Blanca, no ha perdido su toque con los guiones. De hecho son mejores que nunca. Sin embargo, hay un abismo entre él y el público. Un abismo que se ha pronunciado (y mucho) con la taquilla de Steve Jobs. A pesar de las geniales críticas que ha recibido, la película apenas ha llegado a recaudar 660 mil euros en España. Y en todo el mundo lleva sumados unos 17 millones de dólares. Muy poquita cosa. Un millón más que Jobs, el subproducto sobre el genio de Apple que dirigió Joshua Michael Stern deprisa y corriendo después de su muerte… Cuando se suponía que la de Boyle era la película importante, la seria, la de verdad.

SORKIN ES EL MEJOR GUIONISTA DEL MUNDO

Una afirmación así no se debe pronunciar a la ligera, pero tenemos nuestras razones para pensar que efectivamente Aaron Sorkin es el mejor escritor de diálogos que hay en Hollywood. Es capaz de llegar al clímax en cada intercambio de palabras, encuentra siempre las réplicas perfectas, las frases que escupen sus personajes son, sencillamente, insuperables, los monólogos a veces extenuantes sientan cátedra y lo más importante, tienen musicalidad. Sorkin construye una melodía distinta para cada uno de sus diálogos, lo hace mediante disimuladas metáforas como el uso reiterativo de una construcción o una palabra.

Un ejemplo podría ser este brillante monólogo de Will McAvoy en The Newsroom donde repite “nosotros” una y otra vez construyendo una maravillosa anáfora. ¿Hay alguna forma mejor de abrir una temporada?

Will McAvoy

Otro ejemplo podría ser el final de Algunos hombres buenos, cuando Tom Cruise arrincona a Jack Nicholson y a través de su dialéctica le hace caer en su propia trampa para confesar de una vez que sí que ordenó el código rojo. Un diálogo que es pura tensión, pura música, donde las palabras como verdad, deber, verdad, responsabilidad, verdad (otra vez), honor, lealtad, derecho se van colocando en frases que son antítesis: “Yo tengo una responsabilidad mayor de la que tú puedas calibrar jamás. […] Tú tienes el lujo de no saber lo que yo sé. […] ¡Tú no puedes encajar la verdad!”

En Steve Jobs, Sorkin llega a la excelencia con diálogos tan exquisitos como estos, tan desafiantes y tan complejos, que además en este caso están cargados de sensibilidad. Steve Jobs es su obra de autor, pero el público ha decidido ignorarlo ¿Por qué? Estas son algunas posibles razones.

AL PÚBLICO NO LE GUSTA SHAKESPEARE

Aaron Sorkin está tremendamente influenciado por la dramaturgia de William Shakespeare y en Steve Jobs se nota su peso. Es el más teatral de sus guiones, dividido en tres actos que se corresponden con los minutos anteriores al lanzamiento en público de tres productos creados por él: Macintosh, Next e iMac.

Cada uno de estos actos comienza en lo más alto utilizando ese rasgo del teatro isabelino llamado in medias res, del que Sorkin ha hecho gala en todos sus guiones, en televisión y en cine. Se trata de que los personajes ya estén en marcha cuando todo comienza. “Comenzamos a 100 por hora en medio de una conversación, [por ejemplo, el principio de La Red Social]. El público tiene que correr para ponerse al día. El peor crimen que se puede cometer con una audiencia es estar diciendo algo que ya saben. Se trata de correr hacia delante”, dijo el guionista en este artículo de Slashfilm.

Corriendo hacia delante Sorkin inventó otra figura narrativa, el walk and talk, cuando los personajes recitan esos diálogos vertiginosos mientras recorren los pasillos. En El ala oeste de la Casa Blanca hay muchos ejemplos.

Además Sorkin impregna cada guión que hace de algún tipo de tragedia shakesperiana, la traición en La red social, la venganza o la ambición en Steve Jobs, el crimen en Algunos hombres buenos...

Todas estas características son propias del dramaturgo inglés, cuyas adaptaciones al cine no suelen tener tampoco buena acogida en la taquilla. Macbeth es la última, y a pesar de estar distribuida por los Weinstein, no ha llegado ni al millón de dólares en todo el mundo. Pero tampoco la de Roman Polanski tuvo éxito o el Hamlet de Kenneth Branagh, que llegó a recaudar solo 4 millones. Las películas relacionadas con Shakespeare que más han ganado en taquilla son las que menos tienen que ver con el estilo del escritor, Shakespeare in love y Romeo + Juliet.

NO INTERESA (TANTO) LA VIDA DE STEVE JOBS

¿Cuántas películas de Steve Jobs son demasiadas? Parece que el público ya se ha cansado del inventor de Apple. A Steve Jobs y Jobs hay que sumarle varios documentales como The Lost Interview o The Man in the Machine y otros tantos libros. A la mayoría de los espectadores ya no les interesa ver una película sobre Steve Jobs, todo el mundo conoce su historia. Era un genio, un tirano, un tipo brillante, excéntrico y el hombre que ha cambiado la forma en la que nos comunicamos, pero a nadie le interesa ya su vida. Y a pesar de ser un guion de 10, esto no ayuda.

Steve Jobs

Pero, en cierta forma, no es la primera vez que Sorkin escribe sobre la vida de un geek tecnológico. En esta entrevista nuestra compañera de CINEMANÍA Andrea G. Bermejo le preguntó a este guionista tartamudo (sí, Sorkin es tartamudo) si Steve Jobs no era parte de una trilogía formada por Mark Zuckerberg en La Red Social e incluso Billy Beane en Moneyball. Sea como fuere, ninguna de estas dos películas funcionó en taquilla.

La red social, a pesar de estar dirigida por David Fincher, no llegó a recaudar los 100 millones, quedando por debajo de Perdida, El curioso caso de Benjamin Button o la adaptación de Millenium: Los hombres que no amaban a las mujeres.

Moneyball, aun siendo la película más taquillera de su director, Bennett Miller, apenas sobrepasó los 80 millones. Mucho menos de lo esperado contando con que Brad Pitt era el absoluto protagonista.

AGOTAN LOS DIÁLOGOS MUY COMPLEJOS

Sony nunca vio claro el proyecto y por eso se lo cedió a Universal. En uno de los mails que salieron a la luz tras el ataque informático a Sony, Michael Pavlic, presidente de marketing, decía lo siguiente: “Hay mucho trabajo de marketing para este guión (el de Steve Jobs). Es largo, es claustrofóbico, lleno de verborrea, podría ser una obra de teatro…”

A Pavlic no le faltaba razón, pero así son los guiones de Aaron Sorkin. Pura dialéctica, enrevesados diálogos, réplicas tan brillantes que a veces resultan inverosímiles, monólogos tan fascinantes como este:

Con los guiones de Sorkin el espectador aprende a hablar. Y este es el problema, al gran público no le suele interesar un desafío intelectual cuando va al cine, elige alternativas mucho más espectaculares que gente hablando todo el rato, por muy inteligente que sean las cosas que dicen. ¿Por qué entonces El ala oeste de la Casa Blanca, una serie repleta de este tipo de diálogos, se convirtió en un rotundo éxito? Sorkin lo cuenta en un artículo de Slashfilm:

“Dejaron que hiciéramos el piloto pero no tuvo buena aceptación en las pruebas con público real. Entonces a Warner Bros, con el fin de convencer a la NBC para que lo pusieran en un buen horario, se les ocurrió probar la serie con cuatro grupos de hogares: los que ganaban más de 75.000 dólares al año, las casas donde había alguien con al menos cuatro años de universidad, los hogares suscritos al The New York Times y los que tenían  acceso a Internet. Fue un éxito. Warner había mostrado a la NBC dónde anunciarse”.

Puede que los proyectos de Sorkin sean elitistas, pero no hay duda de que estamos ante una de las mejores cosas que le han pasado al cine en su historia. Es necesario que este abismo entre público y guionista se reduzca. El mundo necesita más películas de Aaron Sorkin.

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