‘Pesadillas’: El terror también es cosa de niños

'Pesadillas 2: La noche de Halloween' demuestra que las historias de R. L. Stine se mantienen terroríficamente jóvenes. ¿Cuáles son las claves de su éxito?

Por - 29 de octubre de 2018

Existe la idea generalizada de que los adultos no pueden entender cómo piensan los niños y los jóvenes. Que cada cual tiene su propio lenguaje, forma de pensar y actuar. Y esto no es del todo cierto. Es sólo que cada cual tiene sus propias preocupaciones, acordes a su edad. Por eso, incluso si hablamos de cine, es cierto que apelan cosas diferentes a niños, jóvenes y adultos, pero creer que esas diferencias son insalvables es más fruto del prejuicio que de una distancia esencial. Y si alguien supo verlo mejor que nadie, ese fue R. L. Stine.

Nacido en 1943 con el nombre de Robert Lawrence Stine en el estado de Ohio, una vez se graduó en 1965 se movió a la ciudad de Nueva York para cumplir su sueño: convertirse en escritor.

Como cabría esperar, la carrera del escritor estuvo relacionada desde sus inicios con la literatura infantil. Durante los primeros años de su estancia en Nueva York, Stine escribió numerosos libros de humor para niños bajo el nombre de ‘Jovial Bob Stine’, algo que le abrió después las puertas para escribir la revista de humor juvenil Bananas que, publicando 72 números entre 1975 y 1984, acabaría por escribir prácticamente en su totalidad él solo. Y lo prolífico de esa experiencia le sería de gran utilidad posteriormente para afincar su éxito.

Una vez casi enteramente concluido su romance con el humor, pero no con la juventud Stine probaría suerte en 1986 con la primera obra del género por el que lo conocemos hoy: el terror. De ese modo nacería Cita a ciegas, una novela de éxito notable, a la cual le seguirían otras muchas.Tres años después, en 1989, será cuando comience la serie de libros Fear Street, más enfocados al público juvenil, en paralelo a una trilogía de novelas de ciencia ficción humorística gamberra llamada Space Cadets. 

De ese modo, no fue hasta 1992 que se atrevería con el público más difícil imaginable. Los padres de los niños que querían leer terror. Y de ese modo, bajo el abrigo de Parachute Press, en 1992 comenzó a publicar la serie que lo elevaría al más fulgurante de los estrellatos: Goosebumps, más conocida en España como “Pesadillas”.

Acumulando la friolera de más de 230 libros repartidos en dieciséis colecciones diferentes, más de 400 millones de ejemplares de la serie han sido vendidos hasta el momento, llegando a vender en sus momentos de mayor auge cuatro millones de ejemplares al mes. Algo que explica el interés que generó, a veinticinco años de la publicación del primer libro de la serie, hacer una versión cinematográfica.

Y si bien la de Pesadillas es la primera (y única) de sus obras que ha llegado hasta la pantalla grande, eso no significa que a Stine el medio audiovisual le sea ajeno.

Para empezar, entre 1989 y 1995 fue el escritor principal de la poco terrorífica serie infantil Eureeka’s Castle. Algo que debió contribuir para que, dada la tremenda popularidad de sus novelas de terror, en 1995 adaptaran Pesadillas al formato serie. Claramente influida por Historias de la Cripta, duraría en emisión tres años, dándonos un total de setenta y cuatro episodios, de donde cabría destacar clásicos como La máscara encantada, Click o Un día en Horrorlandia.

Llegada a su fin Pesadillas, ya no volvería a ser rescatada para televisión, no así otras obras de Stine. De ese modo, se vería sucedida por The Nightmare Room, claramente inspirada por La dimensión desconocida y con una única temporada de trece episodios, y la más exitosa R. L. Stine’s The Haunting Hour: The Series, serie con un enfoque más fantasioso que duro cuatro años y setenta y seis episodios, con un enfoque mucho más fantasioso y amable. Algo que lo conduciría, poco después de su cancelación, a tener una continuación en forma de película directa a vídeo llamada The Haunting Hour Volume One: Don’t Think About It.

Pero Pesadillas nunca muere. No del todo. Incluso si la televisión se olvida de ella. Y en 2015, se estrenó su película, esta sí, en pantalla grande y con toda la fanfarria que merece.

Un viaje alucinante de Burton a Black

Para ser justos, la película de Pesadillas ha pasado por una tremenda odisea de cambios antes de lograr materializarse. Para empezar, porque el primer intento fue ya en 1998, cuando Tim Burton, bajo el amparo de Fox, mostró un gran interés en producirla. Pero sin poder decidir qué libro en particular adoptar o cómo hacer para no tener que elegir uno en particular, la producción acabó paralizándose, llevándola a su posterior cancelación. Quedando diez años en el limo basta que, en 2008, adquirió sus derechos Columbia Pictures.

Tomándoselo con paciencia, pero con cabeza, decidieron hacer un movimiento lógico: contrataron a Neal Moritz y Deborah Forte, quienes ya trabajaron en la exitosa serie de televisión. Estos a su vez contrataron a los guionistas Scott Alexander y Larry Karaszewski, quienes supieron como sortear el problema que evito que los intereses de Burton llegaran a buen puerto: dado que los libros eran muy breves para ser adaptados tal cual, harían un guion que fuera una falsa biografía de R. L. Stine donde sus monstruos cobraran vida por alguna clase de accidente. Idea que, con matices, acabaría dando forma a película que pudimos ver en cines, finalmente, en 2015.

Dirigida por Rob Letterman, cuyo próximo trabajo es la muy esperada Pokémon: Detective Pikachu, la película nos hace seguir las aventuras de un muchacho llamado Zach Cooper que se hace amigo de su vecina, Hannah, hija de un escritor recluido que querrá evitar que los jóvenes tengan contacto. Pero el impetuoso impulso adolescente les hará saltarse a la torera tal prohibición, sólo para descubrir el horrible secreto que intentaba ocultar: el apellido de Hannah es “Stine”, las siglas del padre “R. L.” y, por un accidente que tendrán que arreglar todos juntos, las criaturas que ha inventado a lo largo de los años han escapado de los libros sembrando el terror en el pueblo.

De estilo amable, enfocando todo el peso en un terror cotidiano, más tenso que realmente terrorífico, y un claro tono de aventuras, que nos puede recordar a películas como Una pandilla alucinante o una versión juvenil de La cabaña en el bosque, la película guarda la esencia de los libros, sin replicar su tono. Es decir, rebajan ligeramente el terror, pero siguen poniendo todo el peso en los conflictos de los jóvenes, no haciendo de menos a sus preocupaciones.

Eso hizo que la película no sólo fuera un éxito de taquilla, sino que también fuera muy bien recibida por una crítica, encantada de poder ver un producto juvenil que no trataba a sus espectadores de idiotas. Algo que ha llevado a producir su secuela Pesadillas 2: La noche de Halloween, donde el único personaje que se repite es el de Jack Black. Es decir, el propio R. L. Stine de ficción.

Al final Pesadillas nos demuestra que escribir para niños es como escribir para adultos. Hay que intentar apelar a sus problemas particulares, diferentes a los de los adultos, y hay que intentar modular el tono, porque la sangre y el terror más descarnado casan mal con los niños, pero no tratarlos de tontos. Sólo ofrecerles lo mismo que exigiríamos en cualquier producción para adultos. Una historia que sea, al menos, interesante de seguir.

Y si algo ha tenido siempre Pesadillas, ya sea en cine, literatura o televisión, son historias interesantes que contar.

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