Películas japonesas que le gustarán a una niña de 12 años

Desde 'Nicky, la aprendiz de bruja' hasta 'El chico y la bestia', el cine japonés también es para preadolescentes, incluso si carecen de título nobiliario.

Por - 07 de junio de 2017

Algunos niños disfrutan con el cine de Akira Kurosawa. Y entre esos, algunos ni siquiera son de la realeza. Con todo, es comprensible que mucha gente no se crea las aficiones de la princesa Leonor. A fin de cuentas, el cine japonés se nos ha vendido siempre como algo lento, filosófico y extraño. Algo muy alejado del imaginario infantil de aventuras, fantasía y color. Pero eso es una tremenda mentira. En el cine de Kurosawa, como en el resto del cine japonés, cabe todo. Tanto adultos como niños, de lo más maduro a lo más infantil. Para demostrarlo, hemos elegido un puñado de películas japonesas que podrá disfrutar cualquier preadolescente, incluso si carece de título nobiliario. O si sus padres no le obligan a ver Dersu Uzala.

Love & Peace, de Sion Sono

Aunque conocido por sus películas alejadas de lo que cualquier padre pondría a sus hijos, el primer guión que escribió Sion Sono fue una película para todos los públicos. Y lo bordó. Love & Peace es un precioso cuento de navidad sobre el amor, la amistad y los sueños, donde un oficinista fracasado odiado por todo el mundo podrá conseguir todo lo que desea gracias a la amistad que forjará con una adorable tortuga. Todo ello sin abandonar su particular idiosincrasia cinematográfica, lo que hace que sea la película perfecta para ver en familia.

Las aventuras de Chatrán, de Masanori Hata

¿Qué ocurre cuando un gato y un perro se hacen amigos? Que viven aventuras juntos. Pero en Las aventuras de Chatrán hay algo más: el gato y el perro son de carne y hueso. Y es que esta película de Masanori Hata, zoólogo y ensayista, y Kon Ichikawa, cineasta japonés más conocido por su soberbio documental de las olimpiadas de Tokio del 64, es un buen ejemplo de las coordenadas clásicas del cine de aventuras infantil. El gato Chatrán cae accidentalmente al río, el perrito Poosky va detrás de él para salvarlo y, tras algo más de una hora, logran encontrarse y volver a salvo a la granja. Ni más ni menos. Porque tampoco necesita más.

Zatoichi, de Takeshi Kitano

Zatoichi, de Takeshi Kitano, es el reboot de una serie de películas clásicas sobre un masajista ciego que es, además, un experto en el manejo de la espada. Deshaciendo entuertos más por cruzarse con ellos que por buscar activamente ayudar, Zatoichi puede parecer una película no apta para según qué públicos, pero pensar esto sería una equivocación. Aquí encontramos todo el humor clásico de Kitano, además de una buenas dosis de acción y una historia directa y emotiva. Algo que los más pequeños pueden disfrutar mientras los mayores se dejan perder, además, en la compleja reflexión sobre los límites éticos de la acción armada. En otras palabras, si de verdad la justicia es ciega.

Nicky, la aprendiz de bruja, de Hayao Miyazaki

Harry Potter está bien, pero seamos sinceros: Nicky, la aprendiz de bruja está mejor. Y es que, con todo el encanto propio de Miyazaki, aquí tenemos una historia sobre el amor, la amistad y la necesidad de apoyarse en los otros, todos ellos valores que está bien transmitir a los niños. Y a los adultos, porque, como es costumbre en Studio Ghibli, su cuidada animación y su querencia por el tono de cuento clásico hacen de la película una pequeña delicia para los ojos.

Yatterman, de Takashi Miike

Aunque no se llegó a estrenar en España, Yatterman es una serie anime de los 70 muy querida en Japón y, en manos de Takashi Miike, se convirtió en una película bastante peculiar. Haciendo del slapstick su bandera, con (disimulados) chistes sobre sadomasoquismo incluidos, el director nipón consiguió hacer algo que muy pocos autores logran: dirigir una película familiar cuyo núcleo temático gire alrededor del BDSM. Todo ello sin dejar de meter mechas en forma de perro, superhéroes infantiles con crisis existenciales y un tono jovial, colorido y feliz que convierte a la película en un descacharrante desconcierto.

Kamikaze Girls, de Tetsuya Nakashima

Kamikaze Girls, detrás de lo demencial que es estéticamente, no podría ser más encantadora. Chica macarra conoce a chica extraña. Chica macarra se obsesiona con ella. Chica extraña pasa del tema. Poco a poco chica extraña se va abriendo y, así, ambas descubren que el mundo es menos hostil y extraño de lo que pensaban, al menos cuando tienes amigos. Teniendo todo esto en cuenta, ¿hace falta explicar por qué la película de Tetsuya Nakashima es perfecta para la preadolescencia?

House, de Nobuhiko Obayashi

Al cine de terror hay que llegar de niño. Enamorarse de mocoso, cimentar el gusto de adolescente y que te acompañe el gozo por el horror toda tu vida. Eso es un hecho, y de ahí que aquí este House. Toda una obra de arte donde se dan la mano el surrealismo, el terror y la comedia más desacomplejada en un tótum revolútum donde, cuando crees haber entendido por dónde saldrá la película la próxima vez, vuelve a dar un giro radical a los acontecimientos para dejarte, de nuevo, desconcertado y maravillado.

Tekkonkinkreet, de Michael Arias

Pasar de la infancia a la adolescencia es duro, incluso si eres una princesa. Pero si no tienes ni hogar, ni familia, todavía más. Y de eso trata Tekkonkinkreet, una adaptación al anime del excelente manga de Taiyō Matsumoto, en el que dos huérfanos, Kuro y Shiro, conocidos como Los Gatos, deben enfrentarse a la yakuza para proteger la ciudad en la que viven. Por lo demás, es una excelente película de aventuras sobre la importancia del espacio público y las personas que nos rodean, con un estilo de dibujo y animación tan idiosincrático como encantador.

El niño y la bestia, de Mamoru Hosoda

Antes hemos hablado de Miyazaki, y ahora toca hacerlo de alguien al que denominan su sucesor, incluso si eso no tiene sentido. El niño y la bestia es una película de aventuras en la que un chico, tras morir su madre, huye de su familia adoptiva y acaba por accidente en el Reino de las Bestias, donde un guerrero tan poderoso como infantil decide tomarlo como aprendiz. De ahí surgirá un aprendizaje mutuo que acabará con ambos héroes teniendo no sólo que madurar juntos, sino también salvar el mundo de bestias y humanos. Esta premisa encapsula todas las claves de Hosoda: lo asfixiante del mundo adulto, la existencia de otro mundo conectado al nuestro y la difícil tarea de conectar con los otros. Algo que no hace el próximo Miyazaki, sino el primer Hosoda.

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