Pasando revista a ‘Los mercenarios’ (I): Lo mejor (y lo peor) de Chuck Norris

Iniciamos nuestro repaso a los grandes de la acción reunidos por Stallone. Y lo hacemos con un informe que te pegará una patada voladora si dejas de leerlo. Por YAGO GARCÍA

22 de agosto de 2012

Nosotros lo sabemos, tú lo sabes y, sobre todo, Stallone (que es muy listo) lo sabe: el mayor atractivo de Los mercenarios 2 no es su argumento, que podemos resumir en un escueto “señores hormonados llegan a un sitio y se cargan a todo el mundo”. Lo que más morbo nos da de la segunda reunión de ‘Sly’ con su pandilla de cachimanes es la posibilidad de ver a las mayores bestias de la historia del cine de acción juntos, revueltos y repartiendo estopa. Ante esta coyuntura, en CINEMANÍA hemos decidido dedicar unos días a repasar la carrera de estas leyendas vivientes, a fin de que sus mejores filmes (en VHS, ¡faltaría más!) dejen de habitar en las estanterías más sórdidas del videoclub. Bueno, y también de rescatar algunos de sus truños, que los han filmado por docenas.

Como no podía ser de otra manera, y con el debido respeto a Lundgren, Van Damme, Statham, Willis y Schwarzenegger, hemos decidido dedicar la primera entrega a un hombre que no duerme, sino que espera. A un hombre que no es un jinete del Apocalipsis porque prefiere ir en todoterreno. Al sujeto responsable de que se extinguieran los dinosaurios (porque les miró de reojo) y que no juega a ser Dios porque jugar es cosa de críos. Es decir: a Chuck Norris.

 Amigo y discípulo de Bruce Lee,  este nativo de Oklahoma sólo se aventuró en el cine una vez que hubo ganado seis veces el campeonato del mundo de Karate, retirándose de la competición con 183 victorias en su palmarés. A sus 32 años, y tras un papel de matón en La mansión de los 7 placeres, Norris tuvo su primera intervención importante en el cine. A partir de ahí, nació una carrera que repasaremos a continuación, dedicando un pequeño espacio final para una película de esas tan malas que molan. Y, recordad: si Chuck no ha rodado más filmes en sus casi cinco décadas de carrera, es porque el cine no sabe ir a su ritmo. ¿Estamos?

Las buenas

El furor del dragón (1972)

En honor a la verdad, hay que decir que en su primer combate para una audiencia masiva, Chuck fue apaleado clamorosamente. Ahora bien: dicha paliza se la propinó el único luchador del mundo capacitado para ello, es decir, Bruce Lee. En este clásico de las artes marciales de Hong Kong, nuestro héroe y el ‘Pequeño Dragón’ disputaron una pelea memorable en las ruinas del Coliseo de Roma. Desde la muerte de Lee en 1973, ya podía decirse que no había persona en el mundo capaz de toserle a Chuck y vivir para contarlo. Bueno, lo mismo Muhammad Ali sí, pero él no hacía cine (por su bien).

Los valientes visten de negro (1978)

Tras una producción asiática bastante olvidable (El tigre de San Francisco) y de la muy menor El poder de la fuerza, esta película fue el primer paso hacia la gestación completa del mito de Chuck Norris. Con un peinado absolutamente criminal (apostamos que los peluqueros del estudio no se atrevieron a retocárselo), Norris encarna a un veterano de Vietnam a la caza de los villanos que están asesinando a sus ex compañeros de armas. Y, en el proceso, nos regala patadas voladoras capaces de hacer añicos el parabrisas de un coche: mira el vídeo para comprobarlo.

Fuerza 7 (1979)

A estas alturas, los productores sabían que para obtener un éxito de artes marciales no necesitaban guión, ni dirección, ni siquiera presupuesto. Sólo necesitaban a Chuck Norris. De hecho, en este filme la intervención de nuestro hombre cuenta casi como un as himself, porque da vida al campeón de kárate Matt Logan, reclutado por la CIA para eliminar a un misterioso asesino. El filme es bastante modesto, pero muy divertido, y sus escenas de acción están rodadas con pulso y gusto. Ahora bien: el numeral del título español se nos antoja un insulto, porque para fuerza está la de Chuck, y sobra.

Duelo final (1980)

Según la tradición del cine de artes marciales, los guerreros ninja son asesinos implacables. Maestros del silencio y la oscuridad, están entrenados para comerse sus propias entrañas y pedir después un segundo plato, pueden acabar con ejércitos enteros con un par de bombas de humo y unas cuantas estrellas shuriken, y no le tienen miedo a nada. ¿A nada? Pues va a ser que sí temen a algo: a la furia de Chuck. Si quieres comprobarlo, échale un vistazo a este filme en el que Norris acaba él solito con un conciliábulo de maestros nipones que quieren tomar el control del crimen mundial.

McQuade, el lobo solitario (1983)

¿Por qué hemos escogido este filme para nuestro reportaje, si en 1982 Chuck rodó la legendaria Marcado para morir? Pues, para empezar y según la opinión de nuestros expertos, porque la onda expansiva de las yoyas repartidas en dicha película podría ser la culpable de la derrota de España en el mundial del Naranjito. Además, McQuade merece pasar a los anales norrisianos por varias razones: la primera, que nuestro héroe luce por primera vez una cinta en el pelo. Segundo, que esta es la primera vez en su carrera que interpreta a un ranger de Texas. Y, tercero, que el villano del filme es nada menos que David Carradine. ¿Hace falta decir más?

Desaparecido en combate (1984)

Un buen día, entre la masacre de después del desayuno y la de antes de comer, Chuck se encontró con Menahem Golam y Yoran Globus, responsables del estudio de serie B Cannon Group. Y, en ese momento, los 80 cobraron su razón de ser para muchos. Adelantándose un año a Stallone y Rambo (con una premisa casi idéntica), Norris realizó por fin un filme sobre la Guerra de Vietnam, algo que deseaba hacer desde la muerte de su hermano pequeño en dicho conflicto. Y uno se sorprende de que en el país asiático siga habiendo gente, porque en 1985 Chuck protagonizó la precuela Desaparecido en combate 2, y remató la faena en 1988 con Desaparecido en combate 3.

Invasión USA (1985)

¡Atención, historiadores! Invasión USA responde, de forma concluyente, a la pregunta de por qué la Unión Soviética jamás intentó derrotar a Estados Unidos en una guerra abierta. ¿Por cosas de la disuasión nuclear? ¡Pamplinas! La verdad, como sabe el villano comunista de este filme, es que no se atrevieron porque Chuck estaba allí. De hecho, en la película (producida de nuevo por Cannon) nuestro hombre impone tanto que el maligno y teñido agente soviético tiene pesadillas con él. Queda confirmado, pues, que Chuck Norris puede matarte hasta en sueños.

Delta Force (1987)

De puro hiperbólica y desproporcionada, esta película es toda ella un Chuck Norris fact. Y de los más exagerados, además, porque para realizarla la Cannon tiró la casa por la ventana contratando a un buen número de estrellas de Hollywood. Todas ellas con el arroz bastante pasado, como mandan los cánones: resulta todo un poema ver a Hanna Schygulla (musa que fue del invertido e izquierdista Fassbinder), Robert Vaughn y Shelley Winters, entre otros, preguntándose qué hacen ahí mientras Chuck masacra él solito a una panda de terroristas libios que han secuestrado un avión de pasajeros. Con decir que el único capaz de ganarle en rudeza es el mismísimo Lee Marvin, sobran las explicaciones.

El templo del oro (1986)

Aunque, durante los 80, la carrera de Chuck depararía algunos otros clásicos (la secuela de Delta Force, El héroe y el terror y Hitman), optamos por cerrar este capítulo de su filmografía con esta joyita. Porque, tras haberle dado para el pelo a Harry ‘El Sucio’ y a John Rambo en sus propios terrenos, aquí nuestro héroe la emprendió con otro icono de la época: Indiana Jones, nada menos. Sólo que, como Chuck es Chuck, en esta aventura de pirámides aztecas no lleva un látigo, sino un machete. Para colmo, le acompañan en ella Louis Gosset Jr. (el sargento de Oficial y caballero) y Melody Anderson, la chica de Flash Gordon. Los rumores según los cuales el pedrusco rodante de En busca del Arca perdida era, en realidad, una pelotilla del ombligo de Chuck siguen sin confirmarse.

Walker, Texas Ranger (serie, 1993-2001)

A una edad francamente bíblica, y cuando muchos le daban por acabado, Norris demostró que su capacidad para arrasar universos, o por lo menos pantallas de televisión, seguía incólume. ¿Cómo? Pues protagonizando durante nada menos que 193 episodios esta serie que alegró los mediodías de sofá a jubilados, parados y chavales de vacaciones. Con sus aires de westerny su tono violento a la par que moralizante, Walker esconde un valioso dato: el creador e impulsor del show fue nada menos que Paul Haggis. Lo cual nos revela, de una vez por todas, por qué la Academia decidió cubrir de Oscar a Crash: porque no quería que Chuck arrasara su local hasta los cimientos.

La mala

Top Dog: El perro sargento (1995)

¿Por qué decidió Chuck embarcarse en este despropósito? ¿Será porque dirigía su hermano Aaron Norris, quien ya le había liado para aparecer en la inenarrable Juntos para vencer? ¿Porque, en los 90, andaba ya muy perdido y quería hacer comedia? ¿O porque las películas de policía superduro y animalito entrañable eran lo más por entonces? Pues no: en realidad, Chuck rodó Top Dog (al igual que El guerrero del bosque, también dirigida por su hermano) para hacernos un favor. Decididamente, el mundo resulta un lugar más soportable si sabemos que hasta Norris puede hacer el ridículo.