El legado de Pier Paolo Pasolini en ‘Call Me By Your Name’

La película de Luca Guadagnino se abre camino en la aceptación del amor homosexual en la sociedad actual, tarea que Pasolini ya inició a mitad del siglo XX.

Por - 28 de febrero de 2018

Cuando una película de temática LGTB+ aparece en la gran pantalla, llena las salas y emociona a un público que no está acostumbrado a un tipo de cine mínimamente explotado por la industria (en comparación con el cine romántico heterosexual), no es de extrañar que el eco de su mensaje llame la atención y nos transporte a obras anteriores a esta. Obras y autores que quisieron reflejar estos temas y que en su momento fueron pioneros en la apertura de un debate hacia la empatía, aceptación y normalización del amor libre, pero que debido al contexto histórico y social que les rodeaba, fue muy difícil de transitar y hacer llegar a un público general.

Call Me By Your Name ha sido la última película en sumarse a esta lucha que pretende hacer desvanecer una sociedad anclada aún en la tradición de un modelo de relaciones impuesto por un sistema heteropatriarcal y cristiano. Asimismo, un sistema que cada vez con más frecuencia se ve en situación de jaque por la natural e inevitable evolución de la empatía y la normalización de dichas relaciones, tanto en el mundo del arte como en la cotidianeidad.

De esta manera, vemos en Call Me By Your Name un alegato en defensa de la normalización de un amor de verano entre dos hombres. Amor que no será interrumpido por factores externos, sino que será la propia complejidad de la relación la que determine su éxito o fracaso. Es, de esta manera, inevitable pensar en Pier Paolo Pasolini al contemplar el filme, y concretamente en sus primeras novelas: Amado mío, precedida por Actos impuros, escritas entre 1943 y 1949. Ambas, de carácter autobiográfico, (re)abrieron a mitades del siglo XX el debate hacia la normalización sobre la homosexualidad y en ellas encontramos similitudes que llegan a coincidir con la película del director Luca Guadagnino.

Pasolini (1922-1975), artista polifacético y abiertamente homosexual, dedicó su vida a explotar y difundir por medio de las artes (novelas, películas, ensayos, artículos, poesía, etc.) la defensa de las relaciones homosexuales y la inmersión de estas en la sociedad. En las dos novelas mencionadas anteriormente nos muestra las relaciones que Pasolini mantiene con diferentes muchachos que aparecerán a lo largo de ambas historias. Las cuales, a su vez, tendrán como escenario los pueblos, las carreteras, los ríos y la vida en la campiña del norte de Italia durante los largos y calurosos veranos de su juventud. Es por ello, entre otras cosas, que encontremos puntos en común entre la película y las novelas de Pasolini, como una continuación de estas últimas, llevadas a una época algo posterior a las vivencias juveniles del escritor italiano.

Algo que caracteriza profundamente Amado mío y Actos impuros son los escenarios en los que la trama se desarrolla. Al igual que en las novelas, Call Me By Your Name tiene lugar en el norte de Italia, en sociedades muy cerradas de pueblos conectados por carreteras comarcales vacías y campos de cultivo perfectos para encuentros furtivos. Donde los ríos y las charcas son el punto de unión y de intimidad. Un espacio en el que obrar con libertad y naturalidad. No solo entre amantes, sino también entre los amigos. Nos muestra la apacible vida veraniega, donde uno descansa, lee, bebe, festeja, come, fuma y disfruta de otras compañías o de la propia soledad. Una invitación a la tranquilidad y la serenidad e incluso al tedio ocasional que dichos paisajes suscitan durante esas fechas.

En esta búsqueda del placer por medio del disfrute de la naturaleza se comprende cuán sencillo es caer enamorado y cuán difícil es sufrir las largas esperas e incógnitas de un amor que no conoce de móviles, ni de redes sociales. Tan solo responde a la naturalidad de los encuentros personales y las interminables horas de ensoñación. Y ello le añade un halo enigmático que hace de estos amores un acontecimiento singularmente hermoso.

Por otro lado, es fácil encontrar similitudes entre Oliver y Elio y los personajes de Pasolini. Oliver y Pier Paolo son hombres adultos, formados en arte y literatura y tremendamente extrovertidos. Seguros de sí mismos, incluso llegando a rozar la arrogancia. Por el contrario, Elio y los amantes de las novelas de Pasolini (Nisiuti e Iàsis) son hombres cuyas personalidades no están del todo desarrolladas y necesitan llegar a la madurez para poder liberarse. Inseguros y preocupados por las opiniones ajenas, buscan a alguien que les comprenda y con quien puedan sacar a relucir sus verdaderas identidades.

Así como en las novelas el narrador y protagonista es el propio Pasolini, en la película será Elio quien contará la historia desde su visión de los acontecimientos. Conoceremos a Oliver solo a través de los momentos en los que Elio esté presente y eso le añadirá a la relación la incógnita de no saber del todo bien qué es lo que está pasando o qué es lo que acontecerá. Es solo cuando Elio coge confianza con Oliver cuando veremos el primer plano corto de la cara de este último. Los anteriores son difusos y lejanos, como ocurre con su relación en un principio.

De igual forma, ambos personajes son hermosos a vista ajena. Tanto Oliver como Elio representan dos estilos diferentes de masculinidad. Uno es el americano, rubio y de ojos claros y el otro es el europeo delgado y moreno de mirada triste. Pero ambos poseen rasgos de una belleza clásica que se equipara con las mismas esculturas grecolatinas que van apareciendo a lo largo del film y que resultan para el espectador tan sugerentes y simbólicas. Pasolini también describía a sus muchachos como ángeles caídos del cielo, con una hermosura y sexualidad clásica arrebatadora, convirtiéndoles sobre el papel en Eros homosexuales.

A diferencia de las dos novelas del escritor, los protagonistas de la película no sienten o comparten en ningún momento vergüenza alguna o rechazo hacia su propia condición sexual. Ni siquiera es algo que se plantee como pecaminoso o antinatural, como puede llegar a presentarlo Pasolini en los sentimientos de sus muchachos. La homosexualidad es tratada de la misma forma como puede serlo la heterosexualidad, sin preguntas ni dudas, con total normalidad, ya sea por parte de los protagonistas como por parte de los padres de Elio, quienes le apoyarán en todo momento. Pasolini por el contrario sufre una cadena perpetua de sufrimiento hacia sí mismo y hacia lo que sabe que está causando a sus chicos. Él siempre lo verá como algo pecaminoso, pero contra lo que no puede ni quiere luchar, ya que al mismo tiempo forma parte de su ser. Acepta y acoge su condición porque se ve como una causa perdida, pero sufre por arrastrar con él a los demás, quienes tal vez según él, sí tengan salvación. La película por el contrario, al diferenciarse de la novela en ese aspecto, ofrece un abanico de posibilidades en el que ejemplifica que no hay por qué sentir vergüenza, ni inseguridad y tampoco rechazo propio por amar a alguien de tu mismo sexo y ello, como contenido y avance para la propia sociedad, es maravilloso.

Desde luego, Pasolini no buscaba acomplejar a sus lectores homosexuales con su percepción de sí mismo, pero sus dos novelas resultaron una vía de escape para sus irrefrenables pensamientos de juventud, que lo llegaron a atormentar considerablemente. También hay que entender que eran otros tiempos. Amado mío, precedido por Actos impuros, se publicó póstumamente en 1982, habiéndose escrito con mucha antelación. Ya en 1949, el tema de la homosexualidad era apenas intratable en una sociedad italiana marcada por la huella del fascismo y la tradición católica, así como en el resto de Europa. Por tanto, la obra de Pasolini se ha de tratar como los comienzos de un camino muy largo y enrevesado que poco a poco iría dando sus frutos, como ha ocurrido ahora, muchos años después, con Call Me By Your Name.

Gracias al cineasta y escritor italiano y a otros muchos que pusieron su piedra en el camino, Call Me By Your Name ha podido continuar con el legado de volvernos a todos más humanos y empáticos, al mismo tiempo que marca un alegato contra la intolerancia.

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