La ilusión de los ilusos

Jonás Trueba estrena 'La reconquista'. Hablamos con el director y sus compinches sobre este reencuentro que sabe a despedida

Por - 30 de septiembre de 2016

Madrid. 2013. Tres amigos atraviesan la Plaza Mayor al amanecer. La cámara los sigue desde los tejados, en blanco y negro suena una música triunfal. Al final aparece un título que dice: Los ilusos. “Propensos a ilusionarse con demasiada facilidad o sin tener en cuenta la realidad”, especifica la RAE. “Jóvenes artistas que quieren dedicarse al cine, al teatro, a la pintura, a la música, pero no lo consiguen”, apunta Jonás Trueba en su libro Las ilusiones. Los ilusos. “Un piso compartido, los amigos, el cine. Un momento en la vida. Amigos jugando, una conversación nocturna, un bar, una fiesta. Una chica”.

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Principios de agosto. 2016. Un reportaje iluso. Un reportaje que quería ser una entrevista a Jonás Trueba, una charla informal a propósito de La reconquista, su última película que se estrena hoy tras su paso por el Festival de San Sebastián. Una entrevista ilusa que termina siendo esto a mediados de septiembre. “¿Por qué no hablas también con Itsaso?”, pregunta como quien no quiere la cosa Eva Herrero, jefa de prensa de la película. ¿Y por qué no? Itsaso Arana, actriz de ojos brillantes (Las altas presiones) y dramaturga audaz (en su compañía La Tristura) interpreta en La reconquista a Manuela, primer amor de Olmo (Francesco Carril) y protagonista con él de una noche de reencuentros y viejas promesas de adolescencia. “Vi Todas las canciones hablan de mí y le escribí un mail a Jonás en nombre de La Tristura para decirle que nos había encantado”, responde la actriz a la pregunta de cómo se conocieron. “En ese momento nos interesaba  encontrar a gente de nuestra generación con nuestra misma sensibilidad”, explica sobre una amistad que finalmente surgió durante el rodaje de Los ilusos. Y luego, riéndose, recuerda que Jonás nunca les llegó a contestar. “Jura que nunca recibió nuestro correo”, dice.

“Yo entré en una familia que ya estaba hecha pero me acogieron fenomenal, son todos muy inteligentes, están cuidadosamente elegidos por Jonás”, recuerda Itsaso sobre un rodaje en el que al único que conocía era a Francesco Carril, con el que había coincidido hacía diez años en la RESAD. Francesco Carril, alter ego espigado de Jonás Trueba, actor de teatro con voz engominada y sonrisa tierna. Ha sido fetiche del director desde Los ilusos, en la que interpretaba a un cineasta a la caza del amor y una película. Aquí es Olmo, tímido traductor y salvaje improvisador de swing, enfrentado durante una noche a lo que es su vida, a lo que fue y a lo que podría haber sido. “Dame el número de Francesco”, termino por pedirle a Eva.

“¿Alter ego? –se sorprende el actor cuando hablamos por teléfono–. Es algo que Jonás y yo nunca hemos hablado. En Los ilusos hacía más de mí mismo, esa era mi sensación. En La reconquista, menos. Creo que consiste en imaginarnos a nosotros mismos como posibles personajes de la película”. Según Francesco, que conoció al pequeño de los Trueba mientras se preparaba las pruebas de acceso a la RESAD y que fue una de las opciones para interpretar al protagonista de Todas las canciones hablan de mí (un papel que finalmente interpretó Oriol Vila junto a Bárbara Lennie), “Jonás tiene la norma de trabajar con gente a la que quiere y con la que disfruta. Además tiene la virtud de elegir bien a sus aliados”. ¿Los ilusos?, pregunto. “Sí, los ilusos”. Y sigue: “Los ilusos es un término que muchas veces tiene una connotación negativa y que, sin embargo, para nosotros significa algo bueno, parte de un momento en el que queríamos hacer cine pasase lo que pasase”.

Los ilusos es también una película. Una película de 2013. Una película sin guión ni permisos de rodaje, sólo escenas abocetadas y conversaciones, paseos y otras películas. Rodada a lo largo de siete meses en los ratos libres del equipo técnico y los actores. “Algo muy habitual de nuestras películas, rodarlas en nuestras casas o en bares de amigos, en vacaciones o cuando no estamos ocupados haciendo las cosas que nos dan de comer”, dice Francesco. Películas construidas en la vida, hablando mucho sobre ellas, pensándolas en voz alta entre cenas o salidas al cine o como dice Itsaso Arana: “apropiándose de todos los procesos de hacer una peli para que sean lo más orgánicos posibles”.

Una manera de vivir y de trabajar que hizo, por ejemplo, que Aura Garrido se reconciliase con la profesión. “A muchos niveles Los ilusos es lo mejor que me ha pasado en mi carrera. Es una forma muy pura, muy bruta, muy auténtica de acercarse al cine –explica por teléfono la actriz de El Ministerio del Tiempo, a la que Jonás conoció en el Festival Solidario de Cine Español de Cáceres–. Lo que él quería con Los ilusos, después de haber hecho una peli al uso, era que no hubiese nada más que el hecho de hacer cine, que disfrutásemos con nuestro trabajo, había mucha investigación de qué queríamos contar y cómo”. Ilusos. Un grupo de gente dispar, muy distinta entre sí, pero con algo en común más allá de su amor por el cine: su desilusión con la industria. Una experiencia con la que habían topado intentando financiar Todas las canciones hablan de mí, ópera prima que finalmente fue producida por Gerardo Herrero, y en la que ya estaban casi todos los que serían.

Principios de septiembre. Recibo un mail de Jonás Trueba: “Me ha llegado que estás hablando con amigos ilusos, qué estás tramando, debería ser yo el que hablase de ellos y no ellos de mí”. Así que le tomo la palabra. Quedamos en el café Barbieri, en Lavapiés, cerca de su casa, un día de esos en los que Madrid achicharra. “Para mí, mi equipo es como la E Street Band, de Bruce Springsteen. Son instrumentos distintos, todos con una personalidad muy potente y juntos tienen un sonido concreto. Hay un extraño equilibrio entre la amistad y el trabajo”. Los ilusos. ¿Y quién fue el primero? “Hay dos primeros”, me explica. Por un lado, está Laura Renau, su figurinista, con la que fue al instituto. Y, por otro, está Javi Lafuente. “Ya he hablado con él”. “¿También has hablado con él?”. En este punto es cuando el reportaje se me va de las manos.

Javier Lafuente. El productor. Ex cámara de Telemadrid convertido en socio fundador de Los ilusos, productora de Los ilusos, Los exiliados románticos y La reconquista y jefe de producción de Todas las canciones hablan de mí. Diplomático en sus respuestas pero, dice Jonás, “con su vena romántica también”, él inventó la frase más ilusa de todas: “Hagamos algo, aunque sólo sea por divertirnos”. Y lo hicieron. “Tres películas demenciales a nivel de producción”, asegura su director. “En Los ilusos me preguntaba ‘Pero, ¿cuánto queda?’, ‘¿Cuánto de rodaje llevamos hecho?’, ‘¿cuánto porcentaje de película crees que llevamos?’. Y yo: ‘No sé, creo que el 60 %’ y luego pasaban tres meses, me volvía a preguntar, y yo: ‘creo que el 30%’. Y una semana después le dije: ‘No, ya hemos terminado”, se ríe Jonás Trueba.

“Yo le dejo mucha libertad, estoy para ayudarle, para dialogar –contesta Javier Lafuente–. Es que nuestras pelis nacen más de disfrutar de hacer cine que de la rentabilidad. Él le da la vuelta, y me facilita que todas las decisiones de rodaje sean accesibles. Su cine es muy posibilista”. Tanto que, de momento, de Los ilusos hasta La reconquista, cada película se ha pagado sola y siempre con un horizonte a la vista: que los sueldos del equipo fuesen razonables. “No se trata de establecer un sistema de trabajo como una norma, para nada, cada película tiene sus posibilidades –se muestra de acuerdo Francesco–. Pero la idea es ir a mejor”. Algo que sin duda han conseguido este año yendo con La reconquista a la Sección Oficial del Festival de San Sebastián: “El gran hito es que esta es la primera vez que TVE entra por delante en una peli nueva, e incluso Movistar +”, cuenta el productor.

Un salto que se notará también en la distribución, a cargo, una vez más de Cinebinario. Alberto Sedano y Beatriz Alcalá conocieron a Jonás Trueba en el programa de radio El séptimo vicio, de Javier Tolentino, donde él presentaba Los ilusos y ellos, Nana, uno de esos títulos difíciles con los que pocos distribuidores se atreven. Mientras esperaban su turno para entrar en antena, Jonás se quejaba de la distribución tradicional y los socios de Cinebinario le hacían ver que no todo tenía por qué ser así. Tuvieron la ocasión de demostrárselo encargándose de la distribución de Los exiliados románticos, su tercera película, para la que organizaron una gira por cines de verano, y una preciosa edición especial del dvd con la banda sonora compuesta por Tulsa.

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Un mimo y un cuidado del detalle [las ilustraciones, por cierto, son de Clara León, prima de Jonás e ilustradora de los storyboards de su padre Fernando] que han aplicado también al lanzamiento de La reconquista. Empezando por los tráilers (uno de verano y otro de invierno) y siguiendo por la estrategia de salida en cines. “Si con Los exiliados salimos con 15 copias, con La reconquista hemos decidido salir con 30″, cuenta Alberto Sedano. “Hemos tenido ofertas de otras distribuidoras pero nos apetecía seguir con Cinebinario –dice Jonás–. Son los ilusos distribuidores”.

Las palabras

Películas sin guión, a lo sumo unas notas, unas escenas abocetadas, películas que se hacen sobre la marcha y gracias a una confianza ilusa. “El día que me contó el proyecto de Los ilusos no entendí absolutamente nada”, recuerda Vito Sanz, que en aquella película interpretaba al amigo actor de León, el personaje de Francesco Carril, otro iluso empeñado en hacer películas. “Me dio a leer una especie de diario, como unas notas, muy chulas, pero que te dejaban igual que como si no las hubieses leído”, cuenta el intérprete que se ha salido con la suya y ahora tiene pendientes de estreno María y los demás y la serie Vergüenza, en Movistar +.

Un guión escrito con los actores. Las palabras. Así llamaba Jonás a los textos que escribía con los chavales que hacen de Manuela (Candela Recio) y de Olmo (Pablo Hoyos) adolescentes. Una parte de La reconquista que se rodó lo primero, sin saber muy bien qué sucedería con aquellos chicos después. “Yo le digo a Javier: ‘Vamos a hacer una película, no tengo guión y no sé muy bien de qué voy a hablar, pero sé que quiero rodar diez días con dos adolescentes”. Y Javier Lafuente, productor intrépido y kamikaze dice que sí. Paseos con Candela y Pablo, charlas sobre la película, ensayos muy abiertos y ejercicios de escritura de los que salieron las palabras. “Quería rodarlo de manera pura. Sin hacer cálculos. Es una película como es, para bien y para mal, porque está rodada así. Entonces, es una película muy trabajada desde la producción. La producción es la dirección. Javier y yo tomamos decisiones de producción absolutamente creativas”.

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Doce paseos por Madrid

“Con Miguel Ángel Rebollo es con quien más he pensado Madrid”,­ cuenta Jonás de su director de arte desde Todas las canciones hablan de mí, artista y hermano del cineasta Javier Rebollo–. Suya es la determinación de mostrar un Madrid bello que en la ópera prima de Jonás Trueba se concretaba en la zona de Ópera y el Palacio Real. “Tenemos un método para localizar que es salir a pasear –cuenta–. Michi tiene la teoría de que armamos las películas en 12 paseos. Durante estos paseos hablamos mucho y él me va haciendo muchas preguntas, me va sugiriendo cosas, señalando lugares por los que pasamos. Es el primero que me obliga a concretar”. A estos paseos se unen las localizaciones netamente ilusas, bares como el Travelling de Lavapiés, que sale en La reconquista y en Los exiliados románticos, o, inmortalizado en Todas las canciones hablan de mí, el Pandora, una champañería cerca de Las Vistillas en la que los ilusos brindan antes de comenzar una nueva película. Gajes de los rodajes sin permiso.

Entra Laura Renau, diseñadora de vestuario. “Igual que Michel me pone como loco con los espacios, y eso me hace pensar la historia y me condiciona todo, Laura entra y convulsiona mucho a nivel de personajes, tiene un punto de osadía fuerte”, sigue Jonás. Ella decidió que el personaje de Manuela fuese disparatado, con muchas capas, como una niña perdida tras su vuelta de Buenos Aires, un personaje que según Jonas, “tiene mucho de nuestra generación. Es alguien a quien admiraste bastante cuando eras adolescente porque iba muy por delante, y que de repente, te lo reencuentras tiempo después y está perdido”. Laura le añadió también tonalidades rojas, que al mezclarse con las azules de Olmo diesen morados y malvas, colores que no se suelen usar. “La película tiene una dominante, sobre todo la primera parte, de esos colores. Hasta el punto de que la escena en la que Manuela y Olmo bailan  swing está toda gamada en morados y violetas. No sabíamos cómo hacerlo y Laura, con dos cojones, dijo: ‘Gamada, como West Side Story”.

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Entra Santiago Racaj, director de fotografía fotofóbico y, valga la redundancia, de una extrema sensibilidad que ha demostrado en películas como Magical Girl o El muerto y ser feliz. Entra Santi Racaj e ilumina esa escena alocada en la que Olmo y Manuela bailan con una luz industrial. Llamada a Santi Racaj. Nos cuesta encontrar un momento para hablar porque él se encuentra localizando para la nueva película de Fernando Franco, el director de La herida. Pero ya estoy embalada, claramente he caído en la red de los ilusos, me he dejado contagiar por su ilusión. “Las pelis de Jonás parten mucho de la intuición, de dejarte llevar por sensaciones –me dice Racaj cuando por fin conseguimos hablar–. Yo intento respetar los espacios que han elegido Miguel Ángel y él y pongo una luz con personalidad”. Con él decidió Jonás rodar Los ilusos en blanco y negro, “porque narrativamente lo quisimos así, pero también porque la rodamos con un negativo caducado y porque mi equipo de iluminación era mínimo”. Decisiones que van apareciendo en el proceso de hacer una película, “a estas cosas son a las que te aferras”, cuenta Jonás. Como la determinación de usar en La reconquista una óptica de 50 milímetros y un formato de 1,66, el formato de Bresson y Ozu, de cineasta radical, “por ser una peli tan esencial en la que no quería que hubiese distracciones, en la que todo tuviese que estar en el centro”.

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La reconquista, tres películas como un puzle en el que ninguna de las piezas es prescindible. “Es una película que me tiene muy en jaque –cuenta–, la siento muy abierta, pero la forma sí que la tenía clara desde el principio, quería contar ciertas cosas a través de los cortes, por eso hay tres bloques muy diferenciados. Yo veo que los espectadores quieren entenderlo todo, tenerlo claro, tener el confort de ‘vale, ya sé la película que estoy viendo, todo va bien’. Hacer que el espectador no supiese qué película estaba viendo me parecía interesante”. He aquí una película que es una reconquista en sí misma, una búsqueda del espectador que tanto preocupa a Jonás Trueba y por el que anda desde hace unos años inmerso en el proyecto Cine en curso, donde da clases prácticas de cine a chavales de institutos de Madrid.

Una primera parte para Manuela y Olmo. El pasado y el presente. Las confusas escaleras en zig zag de los jardines de Las Vistillas. Madrid en Navidad. Una noche para reencontrarse tal y como habían pronosticado quince años atrás, cuando se escribían cartas imaginando cómo serían de mayores. Una noche de beber, bailar, cenar poco y hablar. Hasta que llegue la mañana y empiece una nueva película. Clara y Olmo. El presente y el futuro. “Ahí tiene mucho mérito Aura [Garrido], eso no te lo hace cualquiera. Introducir un personaje tan avanzada la película –explica Jonás–. Aura tiene ese algo que en muy poco tiempo e incluso dentro de una película en la que el resto son muy ambiguos, ella de pronto puede ser muy contundente. Me apetecía mucho poder filmarla de esa manera porque creo que se le ha sacado siempre como chica joven y dulce, pero ella tiene también ese lado muy fuerte. Eso es muy bonito, tener la oportunidad de construir algo muy específico con alguien que conoces y que sabes que te puede dar eso”. Y por último, después de que la película esté a punto de morir, el pasado. Manuela y Olmo de adolescentes. El primer amor a la salida del Parque de atracciones, los gritos de las montañas rusas de fondo.

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A Jonás Trueba no se le ocurre una manera mejor de vivir que haciendo películas. Aunque luego, una vez hechas, tengan ese algo que quema. “La reconquista la rodé con mucha tranquilidad, sentía que no estaba tanto dirigiéndola como poniéndome ante ella. Pero el rodaje ha sido el más intenso que he vivido con Marta [Velasco]. Ella me dijo que intuía que teníamos que tomárnoslo con calma, y efectivamente fue así. Teníamos momentos muy emocionantes montando, de sentir de pronto en un corte que la película estaba ahí y no nos habíamos dado cuenta. Es como que la película sabía algo de sí misma que nosotros no sabíamos”.

El cine y la vida

“Yo no sé hasta qué punto esto es una leyenda. En Los exiliados románticos tenía la película pensada de pé a pá, nos hizo quedar cuatro días antes y nos la contó entera. Deja espacio para que entren nuevas cosas, no lo quiere milimetrar para preservar la frescura y la sorpresa, pero la tiene más pensada de lo que parece”, cuenta Luis Parés, coordinador de Historia de nuestro cine (La 2) e iluso honorífico. Su caso es muy representativo de cómo la vida se cuela en las películas de Jonás. La idea de Los exiliados románticos surgió de una noche de borrachera con él y con Vito Sanz. Así fue como este historiador del cine acabó interpretando a uno de los personajes que viajan por el sur francés como si fuese el último verano. “Me encantaría salir en todas las pelis de Jonás. Yo le hice una promesa de que sólo iba a hacer películas con él. Pero ahora no me llama ni él ni otras personas”, se ríe.

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“Creo que hace un poco de truco. Hay mucho de su vida y no –reflexiona Vito Sanz–. Siempre hay algo de la vida de los directores en sus películas. Lo que pasa es que con Jonás hay una mezcla y hay veces que me confundo. Es un popurrí, no sólo habla de sí mismo, o de anécdotas nuestras, sino de cosas que le han contado…”. Si las películas ilusas se hacen entre charlas y paseos, conversaciones y cenas entre los propios ilusos, tiene sentido que estas giren en torno a su vidas de los últimos años. “Jóvenes artistas que quieren dedicarse al cine, al teatro, a la pintura, a la música, pero no lo consiguen”. O tal vez sí.

Fin de etapa

“Ha habido algo muy bonito, se han construido cosas que no sabes si pueden permanecer. Ese sentimiento está también en la peli, cuando estás feliz porque tienes algo pero al mismo tiempo sabes que lo puedes perder”, reflexiona Jonás sobre su película finisecular, un cierre de una etapa que intuye acabada porque “Hay que ser humilde y saber que la vida se va complicando cada vez más”. Pero sin tristeza ni nostalgia, algo que sí estaba presente en sus anteriores películas. Aquí no. Esta es una película de mirar al futuro siendo conscientes del presente. Fin de etapa alegre para los ilusos también como anuncia el cartel (“Desde la amistad y la confianza”) que su director ha decidido colocar antes de La reconquista y en el que están “todos los que le han acompañado en la aventura de estos últimos años”. Marta Velasco, Francesco Carril, Laura Renau, Miguel Ángel Rebollo, Santiago Racaj, Isabelle Stoffel, Aura Garrido, Vito Sanz, Eduardo Castro, Manel Aguado Coll, Lorena Tudela, Álvaro Silva Wuth, Daniel Gascón, Bárbara Lennie, Oriol Vila, Javier Rebollo, Luis E. Parés, Miren Iza, Cecilia Casares, Raquel Martín.

“Un piso compartido, los amigos, el cine. Un momento en la vida. Amigos jugando, una conversación nocturna, un bar, una fiesta. Una chica. Una película sobre el cine debería tener todas esas cosas. Mucho de la vida, poco del cine. El cine es sobre todo esa vida”.

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