La ducha de ‘Psicosis’: 52 planos para la historia

Dos actores. Una cámara. Un cuchillo. Mucho sirope de fresa. Eso fueron los ingredientes con los que Alfred Hitchcock cambió el cine para siempre.

Por - 13 de julio de 2018

Fue Alfred Hitchcock uno de los cineastas veteranos que modernizaron Hollywood. Y lo hizo en 1959. El rodaje de Psicosis comenzó concretamente el 30 de noviembre de ese año. El maestro del suspense abandonó el Technicolor (que tan magníficos resultados le había dado) y regresó al blanco y negro conmocionando a medio planeta y cargándose a la protagonista en el primer tercio de la película.

Para enterarse a fondo de cómo se gestó esta revolución, uno puede acudir al documental 78/52. La escena que cambió el cineY, en él, los testimonios más interesantes no vienen de ninguno de sus invitados de lujo (Jamie Lee Curtis, Guillermo del Toro, Peter Bogdanovich…) sino de la modelo Marli Renfro, que dobló a Janet Leigh en la escena de la ducha. Era una ‘chica Playboy’ con un físico muy parecido al de la actriz pero que podía dar problemas de raccord: uno de sus dedos estaba deforme por un accidente casero y se podría notar cuando la asesinada agarra la cortina de la ducha en uno de los mucho planos detalle de la secuencia.

Nunca se había visto esa violencia en Hollywood, pero sí en Europa. Tampoco retretes con semejante naturalidad. Igual que los cineastas del Nuevo Hollywood veían con envidia lo que se rodaba en Europa, a Hitchcock le llegaban noticias de un francés llamado Henri-Georges Clouzot. El tipo, un genio del cine, estaba estrenando maravillas como El salario del miedo o Las diabólicas y su famosa escena en un cuarto de baño.

A Hitchcock le había gustado una novelita de Robert Bloch y quería hacer con el guionista Joseph Stefano “un chiste, una montaña rusa”. Y todo en una época muy oscura para EE UU. El mismo año de producción de Psicosis se descubrían los cadáveres de la familia Clutter, suceso que se convertiría en la novela A sangre fría, de Truman Capote, y en una excelente película en banco y negro rodada en 1967 por Richard Brooks. Además, solo dos años antes la policía entraba en la casa de Ed Gein encontrando un cuerpo desnudo colgado de los tobillos, decapitado y eviscerado. También diez calaveras que Gein usaba como tazones y ceniceros y pantallas de lámparas y asientos hechos de piel humana. De hecho, este descubrimiento es la base de la novela de Bloch.

Estados Unidos estaba perdiendo la inocencia, y esas familias ideales de los empalagosos años 50 tenían más miedo e inseguridad que nunca. Y Hitchcock les iba a dar una buena ración de terror, porque Psicosis le dice al espectador que en tiempos de violencia y asesinos en serie no estabas a salvo ni en el cuarto de baño. ¡Ni de tu madre! Mamá ya no era tan buena como en otros relatos. Como en las películas de Douglas Sirk, tu madre podría ser perversa, manipuladora y castradora.

Con Psicosis Hitchcok volvió a demostrar (lo estaba haciendo en su serie Alfred Hitchcock presenta…, para la que estaba pensado inicialmente el guión de Psicosis) ser un genio del marketing. En cada cine hizo plantar unos carteles con su foto y en los que se podía leer “Por favor, no cuenten el final”. De hecho, para no descubrir el primer gran giro de guión, en el trailer de la película no salía Janet Leigh, sino Vera Miles. Jugada maestra.

78/52. La escena que cambió el cine profundiza en el universo hitchcockiano y se adentra en sus referencias pictóricas. Por ejemplo: el cuadro que quita Norman de la pared para espiar a Marion en el baño es un relato bíblico llamado Susana y los viejos. La obra, que aparece también en la sala con los pájaros disecados, representa una violación. Junto al cuadro hay otro, el de una Venus mostrando su belleza, seductora, como Marion Crane.

Una de las más interesantes revelaciones de este documental es que se carga un mito: la escena de la ducha no sigue a rajatabla un storyboard dibujado por Saul Bass. El montador Walter Murch (Apocalypse Now) lo desmiente y defiende que Hitchcock improvisó en el set.

Y como no, en este trabajo también se habla de los famosos melones. En la mítica escena Hitchcock no muestra ningún cuchillo entrando en la carne de Marion (aunque se llegó a diseñar un muñeco del que manaba sangre), pero sí el sonido de las cuchilladas. Aquel sonido lo logró gracias a probar decenas de melones. El idea acabó siendo el melón Casaba. ¿Y la sangre? Aquí la leyenda sí tenia razón: como revela Marli Renfro, era sirope de fresa.  

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